Correteando

lunes, 1 de julio de 2013

¡Hola! Ahora estoy AQUÍ. en donde pondré todos mis nuevos (y viejos) viajes, y mucho más. ¡Todos bienvenidos a mirar!


martes, 3 de abril de 2012

ÍNDICE GENERAL

Bien, ahora que el mítico viaje ha acabado, o mejor dicho, ahora que termineé de escribirlo jejeje... he aquí un índice general. Así quienes llegan por primera vez, saben mejor dónde empezar y cómo buscar :) . Lo ordené por lugares más que por fechas, por quienes buscan algo específico. Los que quieren leer la historia, es preferible que vayan por el orden en que la escribí (siguiendo el índice automático del blogger, a mano derecha).

¡Ojalá les guste! :D

CHILE:
Diciembre 2010:

SOBRE EL VIAJE:
Enero 2011:

DARWIN (AUS).
Enero 2011:

CAIRNS (AUS).
Enero 2011:
Junio 2011.
Qué lindo que es viajar (sucedido también en mayo 2011).

SYDNEY (AUS).
Enero 2011:
Febrero 2011:
Marzo 2011:
Abril 2011.
2 x 1. (sucedido en marzo 2011).

BRISBANE (AUS).
Febrero 2011:
Brisbane flash (sucedido en enero 2011).
Mayo 2011.
Diciembre 2011.
Últimos días en Oz (sucedido en julio 2001).

BALI (INDO).
Febrero 2011:
Marzo 2011.
Indonesia la secuela. (sucedido en febrero 2011).

STANTHORPE (AUS)
Abril 2011.
2 x 1. (sucedido también en marzo 2011).
Mayo 2011.

COSTA ESTE (AUS): Noosa, Rainbow Beach, Frasier Island, 1770, Agnes Water, Airlie Beach, Bundaberg, etc...
Mayo 2011.
Junio 2011.
Qué lindo que es viajar. (sucedido también en mayo 2011).

NUEVA ZELANDA
Junio 2011:
Noviembre 2011:
NZ isla norte (sucedido en junio 2011).

BYRON BAY (AUS)
Diciembre 2011.
Últimos días en OZ (sucedido en junio y julio 2011).

Y EL BONUS TRACK: BANDA SONORA DE OZ Y ALREDEDORES (canciones en orden alfabético).
Parte 1. Canciones 1 a la 12.
Parte 2.13 a la 24.
Parte 3.25 a la 36.
Parte 4. 37 a la 48.
Parte 5 y final. 49 a la 60.

lunes, 2 de abril de 2012

Banda Sonora Oz y alrededores, parte 5.

49. “Tango de Roxanne”, de la película “Moulin Rouge”.

Bondi, Sydney, marzo de 2011. Desde finales de febrero yo vivía en el Lamrock Lodge, un backpacker a cuadras de la playa. Había encontrado un departamento bueno con unas brasileras simpáticas, pero a última hora decidí quedarme en el hostal. Es que encontré que era mejor para mí, vivir en un lugar en el que me viera obligada a interactuar con gente. 

Además, en mi pieza éramos cuatro mujeres, y las cuatro por casualidad nos quedábamos todo el mes, así que al final era como compartir un departamento, considerando que teníamos hasta una mini cocina y un mini refri dentro de la pieza misma. Ellas eran la Elaine, la Sarah y la Cat. Una irlandesa, otra inglesa y una escocesa, de 22, 23 y 25 años. Y yo. Un grupo de lo más juvenil, servidora incluida (jeje).

Nos llevamos bien desde el principio, pero fue una noche en la playa donde realmente forjamos la amistad. Siempre estábamos con más gente, en especial porque la Sarah era muy pero muy exitosa, por lo que venía con manada de galanes, cual Barbie con accesorios, pero en tal ocasión decidimos hacer una “noche de chicas” y salir solamente las cuatro.

Así, fuimos a la botillería, compramos sidra y otras cosas, y ya equipadas nos instalamos en la playa. Luego, y para relajarnos un poco, hicimos un “drinking game”. Éste consistía en separarnos en dos equipos, y uno tenía que tomar cada vez que escuchara “Roxanne”, y el otro cuando “you don’t have to wear your red dress”, mientras oíamos la canción. En la versión de Moulin Rouge. Fue un juego bastante exigente y difícil, porque dijo ambas cosas un montón de veces.

Pero también fue bacán. Me sentí tan en casa. Nos dio pie para ir hablando tantas cosas, y en especial, para reír.

Y desde entonces nunca más fuimos desconocidas.



50. “Tarjetita de invitación”, de Adrián y los dados negros.

Esta canción causó furor entre todos los extranjeros que conocí. “Come on, play something latino”, decían, marcando con sensualidad la última palabra, y nada de lo puesto les gustaba mucho. Yo no sabía qué hacer.

Hasta que se me ocurrió ésta, y agarró, y yo feliz porque ¡me encanta! Eso sí, como pasa harto, la letra es bastante triste cuando se le escucha, por lo que mis amigos me miraron con ojos redondos una vez que la traduje. Sin que nadie me lo pidiera, dicho sea de paso, muy aguafiestas.

Pero continuamos bailándola, y bailándola con furor. Es decir, ¿qué más se puede hacer si el amor se va?

Bailar siempre es de las mejores respuestas.



51. “Tema principal”, del monito “Barney”

“Barney es un dinosaurio que vive en nuestra mente”, jejeje. Esta canción igual está escrita sobre la melodía original de otra, no recuerdo cuál, pero una típica gringa.

Era finales de mayo y con la Anne estábamos en Fraser Island. Fraser Island es uno de los destinos principales de viaje australiano, una isla gigante, la más grande de arena en el mundo, a la cual se suele ir de camping. Hay que inscribirse en un tour para abaratar gastos, y así es como nos tocaron de cinco alemanes y dos belgas de compañerines de equipo. Nos turnábamos para manejar el jeep, indispensable para trasladarse por esas arenas.

El único Ipod disponible era el mío, para poner durante esta especie de safari, así que así lo hicimos. Pero era un público exigente, y además, la pantalla se había roto, así que se había convertido en un Ipod Shuffle, que no podíamos programar para los gustos específicos: solo había aleatorio.

Fue un sufrimiento. El grupete – excepto la fiel Anne – arrugaba la nariz casi con cada canción, cambiándolas con rapidez supersónica, así como para no mancharse con su inadecuación. Y yo intentaba recuperarlo, y así obtener paz, pero como era el único y no había radio en el jeep, no me dejaban. Debo admitir que me sentía muy ofendida.

Lo estaba pasando pésimo.

Y entonces, muy discretamente, apareció Barney. Y no dije nada, como para ver la reacción de ellos cuando se dieran cuenta. Me causaba cierto placer que estuvieran escuchando algo tan pintoresco sin notarlo, como quien siente agrado tomando leche del envase de un meticuloso que no lo sabe todavía. Sin embargo, pude notar que se dibujaban discretas sonrisas en sus rostros. No dije nada aún.

Hasta que alguien exclamó “oh my God, it’s Barney, in spanish!”, y resulta que a todos les gustaba. Sí, infantil y poco fiestero, pero… ¡todos lo conocían! Jajaja. Así que lo dejamos, en tácito acuerdo, y uno de los alemanes incluso lo cantó en su idioma original, muy contento.

Fue muy pero muy gracioso. Y aliviador. Aunque Barney eventualmente se acabó y debimos continuar con el stress.



52. “The Hills Are Alive”, de “La novicia rebelde”.

Esta canción siempre me ha gustado mucho, porque no es más que la feliz María cantando y bailando a voz en cuello sobre las praderas, a comienzos de la mítica peli. Cualquiera que la haya visto sabe que esa escena podría ser la más pura expresión de contento y de libertad, de esas en la que parecen soñar los típicos mails que le llegan a todo el mundo y que promulgan cosas como “ama como si no te hubieran herido, baila como si ni te miraran”, y etcétera (shiaaa): la María tomando toda la felicidad contenida que puede haber en el ahora, sin mirar a otro lado que al más puro presente.

Yo canto así a veces, sobre todo cuando me siento especialmente libre y especialmente dadivosa. Y así, por supuesto, es como me sentía cuando con la Anne empezamos nuestro viaje por la costa oeste, luego de un buen tiempo en el campo… como una bailarina temporalmente eximida de las obligaciones, canturreando y danzando por las praderas australianas y también por las calles, los hostales, los cajeros automáticos y todo lo que compusiera la geografía circundante. 

La canción entonces me funcionó que dio gusto.

Sin embargo, hubo algo más que la gatilló en mí, y es que luego de haberlo pasado mal con mi francés y con el chileno anónimo, conocí a un holandés: Walter. Él también estaba viajando aunque por otra ruta, así que no coincidimos por mucho, pero lo que tuvimos me recordó cómo, sin importar el calibre de las decepciones… uno siempre conserva en sí la capacidad de ser impresionada otra vez, y de construir otra vez. 

Es solo natural, en nosotros.

Ese Walter me hizo muy feliz, luego de un período más bien amargo, y sirvió como transición a experiencias mejores. Además, quedamos de los más amiguis, con tal que todavía nos escribimos de cuando en cuando, lo que me parece tierno. Y sano.

Y como era la copia fiel del capitán Von Trapp, hasta con el acento y esa boca media torcida, aunque más juvenal… la canción se entonaba sola dentro de mi cabeza, cada vez, casi empujándome a salir corriendo a las praderas, como una María cualquiera.

Como la María que también yo era.


Lástima que encontré solo la canción en YouTube y no el video... pero quienes vieron la peli, la recuerdan.



No es de la película, pero se entiende la idea, jajaja. Pasa más o menos así.



53. “The Merry Old Land Of Oz”, de “El mago de Oz”.

“El mago de Oz” es mi película favorita, en la vida. Por supuesto que, desde que la vi, me he topado con otras muy buenas, algunas con posiblemente mejor nivel y también más contenidos… pero “El mago de Oz” es perfecta tal cual es, y además es especial para mí desde la infancia. Visto con ojos adultos, igual tiene algunas cosas medias curiosas, pero eso sin duda no quita mi adoración.

Por eso, grande – y feliz – fue mi sorpresa cuando, ya en Australia, supe que Oz era el nombre con el que se apodaba Australia, ¡Oz!, ¡Australia era Oz! ¡Luego de tantos años soñándolo al fin estaba allí! Y eso significaba tantas cosas que a veces solo podemos imaginar…

Esta canción fue la que más canté allí de la peli, que es la que entonan los personajes de la película cuando al fin llegan a ciudad Esmeralda, donde está el mago famoso. Y no solo la cantan los personajes de la película protagónicos, sino que todos los que son parte de la ciudad Esmeralda, que no encuentran una mejor forma de expresar cuán felices son en la merry old land of Oz. Como yo lo fui yo.

Y como esta canción la entonan mientras hacen cosas muy cotidianas como peinarse, pintarse las uñas y etcétera… yo también le daba justamente al hacer cosas afines, como lavar los platos y planchar ropa. El ritmo repetitivo fue un plus, porque en su insistencia me ayudaba a mantenerme activa, cual laboriosa abeja del hogar… aunque como verán en el video clip, se supone que en Oz apenas trabajan.

“That’s how we laugh the day away in the Merry Old Land of Oz”. And yes, we did.



53.  “Tú con él”, de Los Iracundos.

Esta canción grafica tan bien la decepción amorosa que llega a doler físicamente: La verdad de lo que el intérprete dice, lo que notoriamente sueña, la claridad de su voz y la firmeza que perdura en ella pese a la vulnerabilidad expuesta… el total silencio musical que va detrás de sus palabras cada vez que dice “tú… con él”.

Qué manera de ilustrar lo que puede ser la soledad. Y el amor.

Como se la canta un hombre a una mujer que siempre está con otros, a mí se me vino a la mente por un hombre que siempre está con otras: El chileno anónimo, que me gustó por tanto tiempo y que estaba pololeando. Incluso en Australia, lo que me tomó por sorpresa. Porque no lo supe hasta encontrarnos, en Sydney, y eso que conversamos de antes, y que yo igual tenía proyectos ocultos (o no tan ocultos) para nosotros, jeje.

Pero no tuve chance.

Los Ángeles Negros me ayudaron a sobrevivir lo que fue el final definitivo de nuestro (des)amor. Lo había querido, sí. Debía dejarlo ir, sí. El silencio entre nosotros no significaba que no hubiera cariño: sino que simplemente no podía ser. Había demasiada historia como para mantener contacto, aún siendo los dos extranjeros en Australia y compartiendo, durante un tiempo, la misma ciudad. Ser amigos, para mí, era un insulto.

En el proceso, me alivió escuchar esta canción, y sentir el corazón del cantante dentro de mi propio corazón. Me hacía sentir que no era tan grave mi dolor: otros habían sufrido. No era tan grave no haber sido elegida: otros tampoco lo eran. Y mi interior seguía brillando, de todos los colores.

Mi dolor era válido y también lo era yo, y hasta tenía ciertos retazos de pura belleza, en él.

Extrañamente, eso me ayudó a decir adiós.



54. “La vie en rose”, de Edith Piaf.

Era el otoño y yo figuraba trabajando la fruta. Era el segundo de mis alojamientos en Stanthorpe, esta vez en las afueras del pueblo, en una casita en el campo mismo, en medio de la nada. No había almacén ni tienda alguna, y ni siquiera señal de celular o de internet. Ahí estábamos recluidas solo mujeres, estando prohibido siquiera invitar a hombres, y como ninguna tenía auto, los 15 kilómetros que nos separaban de la “civilización” (Stanthorpe era un pueblucho), fácilmente podrían haber sido 500, o 3000. 

Era la desconexión más absoluta.

Sin embargo, nos venía bien. Trabajábamos tanto y llegábamos tan cansadas, que apenas nos daba para cocinar y para luego arrastrarnos a la cama tipo 9. La privacidad del aislamiento nos permitía descansar, y entremedio, abrir complicidades… compartíamos historias, improvisábamos canciones en la guitarra, ensayábamos nuevos estilos de peinado, nos cuidábamos unas a las otras. Éramos una familia. 

En una de esas noches, me quedé hasta tarde en la cocina con la Alex, una francesa adorable de unos 24 años. Ella hacía una torta con manzanas que nos había regalado el boss, y yo simplemente estaba pintada al lado, sin hablar. A esas horas estábamos tan cansadas, que éramos solo dos entes silenciosos compartiendo el espacio, envueltas en una especie de dulce letargo, ganado con el sudor del duro día laboral. Y estábamos perfectamente cómodas en él, apenas existiendo, mientras el resto dormía. 

Era como si todo el universo se hubiera callado.

Pero entonces se me ocurrió poner música. Para expresar mi apoyo culinario, toda la francesa que encontré… Jacques Brel, Serge Gainsbourg, Camille, la Edith Piaf… a ver si podía ayudar un poco. La música, como sabemos, suele despertar cosas.

Y así fue… El aire siguió estando sereno y quieto, pero se fue llenando de esa dulzura tan característica de las canciones galas. En especial cuando llegamos a “La vie en rose”, que la Alex se sabía de memoria y que procedió espontáneamente ¡a cantar con su acento nativo! Distraída, totalmente relajada, totalmente inmersa en pelar las manzanas, chorreando sentimiento.

Por un momento el tiempo se detuvo.

Yo me sentí tan honrada de presenciarlo. Ver a una verdadera francesa cantando a la Piaf, con el mismo espíritu con que debieron interpretarla su mamá y su abuela, y con el que lo harán sus hijas… pero también me di cuenta de cómo nos parecemos todas las mujeres, a lo largo de las nacionalidades y del tiempo, porque, aunque yo soy chilena, esa canción también era mía, y mi corazón también se inflamaba ante su presencia.

La Alex también lo sabía, así que la canturreamos juntas en feliz complicidad campestre.



55. "Wild World", de Cat Stevens.

Era febrero, del 2011, cuando como paréntesis de viaje dentro de mi viaje, me fui a Indonesia, ¡Indonesia! Una total y completa preciosura. Yo estaba tan feliz de ir.

Pero Indonesia tal vez no estaba tan feliz de recibirme, porque tuve varios percances inesperados, desde el principio mismo: Entonces llegué a las 11 de la noche, aprovechando un ofertón de Jetstar (aerolínea), sola, a Denpasar, lo que no habría importado… si no fuese porque una vez allí descubrí que el hostal que ya había arrendado (y pagado) quedaba ¡en otra ciudad! Así tuve que tomar un taxi de más de una hora, porque ya no quedaban micros.

Luego y resumiendo, un perro casi me mordió, y un mono me atacó, y me dejó de funcionar la tarjeta (por suerte andaba con efectivo), y tomé un ferry que casi se hunde en una tormenta, y así etcétera, etcétera. Las cosas que pasaron llegaron a desafiar mi imaginación, pero yo me tomé todo con humor porque, vamos, es un viaje, y me encantan los viajes.

El punto más extremo fue en las islas Gili. Me intoxiqué, y estuve días en cama, transpirando y vomitando todo lo que existía, simplemente esperando a que pasara. La isla es tan chica que no tiene ni consultorio, y me sentía demasiado mal como para tomar el ferry de vuelta, así que me sané a mí misma lo mejor que pude, y sola porque no conocía todavía a nadie. Como tengo un pensamiento positivo (y tal vez un sistema inmunológico privilegiado), a finales del tercer día, me sentí mejor, y entonces salí a celebrar a un bar/restorán local, a volver a la vida y a comer algo.

Y allí estaba mi viejo amigo Cat Stevens, recibiéndome con espíritu. Un nativo interpretaba sus canciones con su banda tributo y tocaban tan bien que toda la gente palmeaba y coreaba cada renglón, ajenos a las pequeñas miserias, hinchando de emoción el ambiente, chorreando vitalidad. Y, entre otras, tocaron “Wild World”, ¡qué canción ad hoc a la experiencia!

Sí, es un mundo salvaje. Pero encantador. Valía- y vale - la pena absolutamente, recorrerlo, aunque de vez en cuando sacara sus garras.

Yo no me arrepentía para nada de estar allí. En ese momento era simplemente mi lugar correcto.



Hasta lo saqué en video. Pero no se cacha mucho, jeje.



56. "You’re My Heart, You’re My Soul", de Modern Talking.

Esta canción la tengo pegada desde hace años de años. Es alegre, y pegajosa y un poco cursi, y cuando la interpreto me la tomo muy en serio porque, aunque es chistosa, habla de cosas que son importantes y reales, como el amor, jeje… aunque me ría mientras la interprete, la mayoría de las veces. Es que además de que la canción es graciosa, el video es tan ochentero y está como hecho para que uno lo ridiculice. Con respeto, claro, jeje. Lo verán.

En Australia y alrededores se me pegó en varias ocasiones, porque es tan pegajosa (valga la redundancia), que basta con una vez que la cante, para que tenga que repetirla, en general hasta que otra toma su lugar. Me es difícil parar, porque también se le pega a los otros, y la cantan también, y así es como un fuego que nunca termina de apagarse. Yo creo que, porque a final de cuentas, es una canción muy buena.

Pero en el viaje esto me sucedió de manera especial. A diferencia del compatriota chileno, el extranjero no es pudoroso. No sé si es por carácter, o una consecuencia del hecho de que es poco posible que sigamos viéndonos en la vida, entonces no importa tanto lo que el otro piense. Pero así pasa.

Y gracias a esto, me tocó muchas veces lo siguiente: Cantar la primera parte (you’re my heart), como para mí misma, y que luego alguien de la nada, con la canción ya un poco metida en su propio cuerpo, aparezca y se apure en completar la segunda (you’re my soul)... para luego terminar ¡los dos juntos! con la parte final (I keep you shining everywhere I go). Después repetirla y a elección, medio bailando. Con muchas variantes, claro, turnándose las voces y etcétera, y a veces empezándola otra persona y yo continuándola, o incluso cantándola dos personas (o más) que no eran yo.

¡Fue muy divertido! Como una epidemia, que me tocó experimentar (y propagar) a lo largo de toda Australia, Indonesia y Nueva Zelanda, y que hoy día tiene brotes en Chile.


Ésta es la primera versión que hicieron, la más ochentera, jiji.



Ésta es la versión que más me gusta oír (pero no mirar, jeje). Es del '98.



57. "You Can Have It All", de Yo La Tengo.

¡Una canción feliz! Siempre me ha gustado, no solo por lo que dice, sino que también por la forma en que lo hace, y por el ritmo que tiene. 

Antes pensaba que con el título (y todos los coros) se refería a que “puedes tenerlo todo”, en la vida… a que uno puede tener todo lo que sueña, el trabajo perfecto, el cuerpo, la familia, la plata, el pololo perfecto, etcétera y etcétera. Entonces escucharla era un estímulo para atreverme, para atreverme a pujar por mí, y a creer en mí.

Pero luego descubrí que en realidad se refiere a que alguien puede llevarse todo lo de otro, de uno. La canción dice algo así como “si quieres mi corazón, puedes tomarlo todo”, y “ si quieres mi tiempo, puedes tomarlo todo”, y así también con la plata, y el amor, jaja. Muy dedicado y también mamón.

De eso me di cuenta apenas en el viaje, de tanto escucharla, y me siguió causando felicidad escucharla, y cantarla, y siguió siendo recurrente en mi travesía… aun considerando que el que quería llevarse las cosas, al final es el que termina dándolas. Porque así es el amor a veces, y está bien que así sea.

Y también porque, tanto en el amor como en los viajes, es mejor vivir sin miedo. 



58. "Young At Heart", de Tom Waits.

“Fairy tales do come true, they could happen to you, if you’re young at heart…”.

Mantener el espíritu joven es esencial cuando uno está de viaje, aunque en realidad es esencial también para la vida misma.

Yo no lo pensé demasiado, pero me imagino que mi subconsciente sí, porque esta canción se tocó una y otra vez en mi cabeza. Así que quizás de vez en cuando, necesité recordarlo.

Es una muy linda, así que fue un agrado permitir que fuese un huésped dentro de mi persona, y de todas las demás a las que contagié con ella.

Sé que hay muchas versiones (así me dijo mi abuela), pero ésa es mi favorita. De las que he oído, al menos. La voz rasposa, la quieta intención, la serenidad, la firmeza, la emoción...

Me encanta.



59. "Young Folks", de Peter Bjorn and John.

Sí, el chileno anónimo hizo cosas buenas por mí antes de que dejáramos de vernos. En Sydney, donde coincidimos, y me prestó plata cuando mi tarjeta se echó a perder, y me dejó colgarme de su internet en mi laptop cuando mis dólares escaseaban. Entremedio, en honor a la hospitalidad, comí algo de su comida y tomé alguna de sus cervezas, y conversamos entremedio. Tuvimos ciertos momentos de amistad.

No fue un mal trato para mí.

Y esta canción estaba muy de moda, y la tocaban todo el día, y yo la tenía pegada, aunque cuando lo pensaba, me causaba gracia darme cuenta de que él tenía 30 años, yo 29, y de que en comparación con todos los otros que andaban con la Work ahd Holiday (que es hasta los 31 máximo) fuéramos los “old folks” antes que los “young,” jaja… aunque después, cuando me fijé en la letra, me di cuenta de que el hit hablaba de cómo al cantante justamente no le importaba lo que hacían los jóvenes, y de que estaba feliz hablando con el otro “viejo” de eso, un poco riéndose de ellos. Como pudimos haber sido nosotros.

Por supuesto, no fue en absoluto el desenlace que tuvimos, pero de todas formas esta canción me trae lindos recuerdos de unos últimos instantes de buena onda.



60. "Your Song", de la película "Moulin Rouge".

Era junio y yo figuraba en Nueva Zelanda, recorriendo el país con mi grupo Stray.

Mis compañeros de grupo eran simpáticos y afables, todos muy distintos, pero a la vez todos abiertos a la aventura. Nos hicimos muy amigos. Y entre ellos estaba Robbie, un australiano de 25 años, que se iba a ir a hacer un postgrado a Francia, y que a la hora de hacer escala en Nueva Zelanda, había decidido bajarse para viajar un par de semanas. Antes de empezar.

Robbie puede haber sido de los tipos más encantadores que jamás haya conocido. Siempre estaba alegre. Era bueno con todo el mundo. Se entusiasmaba con casi todas las cosas. Solo tenerlo cerca mejoraba el ambiente general.

Como también era bastante guapo, yo me demoré un poco más que el resto en hablarle, porque me cohibía. Pero esto cambió cuando hicimos ese paseo a las cuevas de Waikamo. Éstas quedan en la isla norte, y están entre dos montañas, por las que uno baja, y luego vuelve a subir, unos 50 ó 70 metros (no recuerdo el número exacto). Son tantas y tienen tantos niveles, que parecen un laberinto, y hay cataratas adentro, y todo está mojado y resbaladizo... pero es aventurero y divertido y distinto, recorrerlas, por lo que si alguien quiere ir y duda en aperrar, yo digo sí, hazlo porfa. Vale la pena absolutamente. Hay hasta unos gusanos fosforescentes en las murallas que hacen que se vea en la oscuridad.

La aventura empezaba en la primera cueva, una casi superficial, desde donde entrábamos a un precipicio muy largo, el más largo, de unos 30 metros... ahí uno se sumergía en las profundidades de la tierra casi de un solo gran salto, ayudado de cuerdas y medio luchando con el agua. Costaba juntar valor, así que se hacía muy lento, y como, en el momento de empezar, ya estábamos en el interior de la montaña, todo estaba oscuro, excepto por los gusanos electrónicos.

Teníamos que bajar de a uno, y entre la oscuridad, el silencio y la espera, era como si no existiéramos. Solo había esa llovizna gélida típica de las cascadas. Era como el limbo, y estábamos quietos en él, compenetrados con la montaña, anónimos casi fuera del tiempo. Además, era el comienzo del viaje kiwi y apenas nos conocíamos.

Pero entonces Robbie se puso a cantar. “Your song”, en la versión de Moulin Rouge. Al principio lo hizo en broma, pero luego en serio, y entonces su voz retumbó por todas las paredes del lugar y también sobre nosotros. Como pasa en la película.

Ah… fue tan gracioso y tan dulce. Tenía tanto espíritu y no le importaba nada. En su interpretación imprimió toda la emoción posible, aunque sin gritar, simplemente entonando su cariñosa versión. Y el resto nos reímos. Y luego, los que todavía estábamos esperando, nos unimos al cántico, y lo hicimos nuestro, junto a él.

A mí me tomó tan por sorpresa. Fue como si volviéramos a existir meramente por la música. Además, fue divertido.

Es uno de mis recuerdos favoritos de Nueva Zelanda.



¡Y eso es todo del ranking oficial! Aunque agregaré, solo mencionando, algunas que también fueron exclusivas del viaje, pero que no puse. Éstas son:

  • "Atras da Porta”, de Ellis Regina & Chico Buarque. Otro bossanova y con una voz sedante. Muy emotivo.
  • “Bare”, de The Cure. Me encanta cuando dice “I will never forget”, aunque sea con una connotación tristona. Me gustaba repetirlo como un baluarte de memoria e identidad.
  • “Cheek to Cheek”, de la Ella Fitzgerald con Louis Armstrong. Simplemente me hizo feliz. La bailaba sola, con pareja imaginaria, las pocas veces en que tuve privacidad.
  • “Don’t Be Shy”, de Cat Stevens. Me daba fuerzas cuando tenía que expresar mis sentimientos con los minocos.
  • “Don’t Speak”, de No Doubt. Ideal para escuchar cuando el romance se ha terminado y una está cruzando los dedos para que el otro no diga nada, porque todavía no está lista para aceptarlo.
  • “Eins, Zwei, Polizei”, de Mo-Do. Está en alemán y es como del tecno antiguo, muy graciosa. Se me venía a la mente por el solo hecho de estar interactuando con germanos, aunque algunos se ofendían cuando estaban cerca, porque pensaban que me estaba riendo de ellos. Otros lo tomaron como una señal de buena onda, y hasta hicieron el honor de cantarla para mi persona.
  • “Elephant Love Medley”, de la peli "Moulin Rouge". Otra de esas canciones populares que casi todo el mundo conoce, y que es gracioso cantar juntos en momentos de espera. Y en los viajes se espera mucho.
  • “Flaca”, de Andrés Calamaro. A Adam, el hippie australiano de Byron, le encantaba y siempre la tocaba en guitarra. La cantábamos a dos voces y su acento, al copiarse del mío, parecía totalmente nativo. Era divertido y muy didáctico.
  • “Give Me Everything”, de Pitbull. Otro de los hits fiesteros que danzamos all night long, de esos que elevan el espíritu.
  • “Happy Endings”, de Pulp. Temazo. Un amor que funciona casi contra cualquier pronóstico, solo porque quien lo deseaba creía en él. Mi proyecto. Mi fracaso, pero glorioso. Porque traté.
  • “Hope Of Deliverance”, de Paul McCartney. La toqué mucho en guitarra, así que la puse harto, pa aprenderme bien la letra.
  • “If You Want Me”, de la peli “Once”. Simplemente es muy linda, y además me queda justo al tono. “Si me quieres, satisfáceme”, dice. Sorprendentemente agresivo para una canción tan dulce. Me causaba gracia. Ella se veía tan suave y frágil en la película, pero tenía garra. Algo que admirar.
  • "La barcarola", de Offenbach. Es operática, alegre, un poco rebuscada y me encanta. Otra más que canté sola, medio meciéndome y aflautando la voz, en momentos especiales de alegría y recompensa, los que afortunadamente fueron bastantes.
  • “La javainese”, de Serge Gainsbourg. Estaba en Indonesia y quería ir a la isla de Java. Al final no alcancé, pero mi mente me la cantó obsesivamente durante todo ese mini viaje, como para empujarme a cambiar las circunstancias.
  • “Like A Friend”, de Pulp. El eterno enamorado y el amigo que al final no es amigo, pero sí, pero no. Como con el chileno anónimo, aunque al final no funcionó.
  • “My Way”, de Frank Sinatra. Ideal para vivir sin arrepentimientos.
  • “Ne Me Quite Pas”, de Jacques Brel. Otro hit francés, hermoso, devastador y lleno de sensualidad.
  • “No me amenaces”, de Pedro Vargas. Me gustaba interpretarlo, con mímica incluida, frente a el o los extranjeros de turno que querían conocer música en castellano. Es una canción bastante perfecta y empapada del apasionado espíritu latino.
  • “Oh Darling!”, de Los Beatles. Yo creo que la canté durante todo el viaje, solo porque la gente de Gran Bretaña dice darling como apelativo habitual de cariño, y luego con la canción yo me hacía cariño a mí misma. También dicen “honey”, o “hun”.
  • “Pequeño rayo de sol”, de Alberto Plaza. Una muy serena, para motivar la fe de un modo tranquilo y no loco. Además, siempre me ha traído paz.
  • “Pero esta tarde no te vas”, de Alejandro Sanz. La escuchaba cuando estaba con Rom, porque me identificaba con Sanz cuando le canta a la loca que quiere pero que sabe que es fugaz, mientras que ella todavía no se ha ido. Más que amargarme, me conectó con el momento que todavía tenía. Yo seguía dentro.
  • "Quinteto para Clarinete" de Mozart, movimiento 2/4. Tengo una versión en piano muy particular, que es más rápida de lo normal (según acabo de corroborar en youtube) pero aún así muy relajante, así que la escuché harto, en especial cuando debí pasar de largo en aeropuertos y terminales, y por el cansancio me dolía la cabeza. Es de las pocas que entonces logró aliviarme.
  • “Raindrops Keep Falling On My Head”, de B. J. Thomas. Llovía mucho en el tropico y esta canción me venía a la mente casi cada vez, aunque se refiera a una lluvia metafórica. Además, me recuerda a una película vieja muy romántica y a un capítulo de los Simpsons muy romántico también. 
  • “Sembrando en el mar”, de Lucybell. Con el chileno anónimo yo estaba sembrando en el mar. Simple como eso, y el aullido del cantante doliéndose conmigo. La canción igual es más completa pero yo me fui solo al título literal. Era un alivio enunciarlo, y dejarlo ser.
  • “Soy un corazón tendido al sol”, de Ana Belén y Víctor Manuel. Por mi tendencia a decir siempre la verdad, algo tragicómico y dulce. Ahí estaba mi corazón, revelado al sol. Parte de la vida, nada que hacer. ¿Tanto te importa cómo sea yo? Jeje.
  • “Three Little Birds”, de Bob Marley. Casi todos los viajeros rallan con el reggae, en especial los europeos. A mí me aburre un poco, pero Bob Marley igual me gusta. Ésta no es mi favorita de él, pero sí era la más cantada y así se fue quedando en mí. Sí, muy gráfica, vacacional, casi predecible… pero se sintió tan cierta entonces. Aún muchas veces lo hace.
  • “Tu misterioso alguien”, de los Babásonicos. De nuevo el chileno N.N. La polola y yo sin saber quién era, “quién es tu nuevo amor, tu misterioso alguien, a quien has ocultado de mí todo el tiempo para no matarme”. Sí, la había omitido, antes. No, no era un amor nuevo, y tampoco tenía por qué darme explicaciones. Sí, lo pasé mal. Pero no me morí.
  • “You Can Never Hold Back Spring”, de Tom Waits. Uno no puede evitar que lleguen las cosas buenas. Y malas. Todo tiene su momento. Hablé largamente de esto en un post previo.
  • “You Never Give Me Your Money”, de Los Beatles. Ésta en verdad no sé porqué se me pegó. Es una canción muy curiosa. Pero así fue… todo, todo el viaje. Tal vez secretamente esperaba que alguien me patrocinara, jaja. Aunque al final sí recibí considerable ayuda.
  • “Zamba de mi esperanza” de Jorge Cafrune. La canté muchísimo en el campo, junto con “Ki Chororo” (espectacular). Posiblemente porque la primera habla de las estrellas (“estrella, tú que miraste, tú que escuchaste mi padecer”), y la otra de un río, y yo soy muy literal. Además, ambas son preciosas.
  • “13”, de Fito Páez. “Gracias por tu risa que alumbra el sol”, dice en alguna parte, con coro backup y medio resplandeciente de colores. Corta, extática, profundamente amorosa. Me encanta. Escucharla siempre fue una inyección de vitalidad.

¡Y así quedamos con el conteo! Por supuesto, hay más, pero con esto es (más que) suficiente. 

Tal vez deba mencionar, antes de terminar, que si algún compañero de viaje se me siente… las canciones descritas no ilustraron todas mis experiencias… hay gente importante con la que no tuve ni una canción, y gente muy casual y pasajera que me sacó a veces más de alguna tonada por alguna razón. Que haya habido música o no, no tiene relación directa con si esas personas fueron importantes para mí, aunque muchas veces haya sido así.

Y ahora me despido, ¡qué viaje espectacular! ¡Al fin terminé de escribirlo!... exactamente 8 meses, 15 días y 12 horas después de llegar, jeje (acabo de calcular), pero como se dice... mejor tarde que nunca.

¡Un abrazo a todos los que me leyeron!

Y hasta la próxima.

miércoles, 11 de enero de 2012

Banda sonora OZ y alrededores, parte 4.

¡Y la penúltima entrega!

37. “Jeanny”, de Falco.

Ésta me encanta. Tiene drama, y gente que habla, y hasta aparece la policía… toda esa parafernalia que pone “on” el click de mi lado telenovelesco. Además, el cantante tiene una voz muy afinada, y apasionada, y precisa, que me intrigaba en las cosas que decía. Cuando grita hasta me dan ganas de llorar (todavía), pero entonces no sabía si insultaba a la mujer de la canción, o si insultaba a Dios porque se moría (¿se moría?), y todo era muy confuso.

Es que, aunque me gusta la canción, no la entendía. No la entendía porque está en alemán y en mi esperanza de hacerlo se la mostré a casi todos los que conocí... pero ninguno se dio la lata de explicarme, y eso que fueron varios. Además, lo que yo consideraba un hit, a ellos les parecía algo prehistórico.

Hasta Auckland, Nueva Zelanda. Cuando tenía que irme de allí hacia Australia, me quedé varada unos días, por culpa del Puyehue y de su nube volcánica, y allí me tocó compartir pieza con un germano medio hipster y as de la computación, y apenas pude le pregunté.

No sé si fue buena idea, hacerlo, porque resulta que la canción trata de un hombre que rapta a una mujer menor de la que está enamorado, y parece que al final la mata para que nadie más se quede con ella (o se suicida, no me quedó muy claro)… la ansiedad de su voz no una pasión maravillosa, sino que la aflicción de un hombre enfermo. Además, mi amigo me contó que Falco mismo era bien polémico, que murió en un accidente de tránsito, que tenía una hija no reconocida, blablablá. Chismoso el alemán, para la felicidad de su servidora.

Pero la canción no dejó de brillar para mí luego de eso. No era que el cantautor fuese el hombre enfermo, sino que solo describía a uno, como hace Eminem en “Stan”, otro hit. Y lo describía muy bien (creo yo).

Escucharla hoy me gusta no solo por la pasión ya descrita, sino que también porque me recuerda a todos los alemanes que conocí, y a los sutiles matices de su acento. Es que, además de Falco, mi único referente del idioma era Hitler, Hitler gritando en sus discursos políticos, Hitler con la voz contenida y cuidadosamente dirigida hacia un objetivo... no como les pasa a las personas reales, espontáneas, que inevitablemente tienen destellos de sensibilidad y hasta de fragilidad en sus palabras. No como le pasa a Falco, aunque se vuelva loco en la canción. No como le pasa a la gente a la que conocí.

Falco me acerca a ellos.



¡Oh! Acabo de ver el video, ¡qué buen video! Me llegó a doler el corazón. La verdad es que si lo hubiera mirado antes, habría cachado todo el mote, jaja.

Y aquí el hit de "Stan", para los curiosillos. Eminem (y la Dido).



38. “Knockin’ On Heaven’s Door”, de Bob Dylan.

Esta canción es una preciosura. Es perfecta. Tiene humildad, y tiene simbolismo, y hasta una semejanza a Beethoven con su “knock-knock-knocking” imitador de golpes. Mientras Beethoven simula a la muerte tocando a su puerta, Dylan replica el sonido que haría él mismo tocando las puertas del cielo.

Es una obra de arte.

Antes me gustaban más las versiones de Guns and Roses, y de la Avril Lavigne, pero en Australia tuve una obsesión con este hit, así que busqué aún más, y en ello encontré la original. Bob Dylan. La mejor de las que hay disponibles.

Este enamoramiento musical me pasó en Cairns. El primer Cairns, al principio del viaje, enero, llegando a Australia. Estaba apenas organizándome, así que iba harto al McDonalds frente a la playa, para usar el wifi gratis y agilizar procesos. Y afuera del local un señor mayor, de unos 80 años, tocaba la guitarra y cantaba, cada noche.

El señor era buen cantante, y a mí me gustaba… pero un día fue como si hubiera quebrado las entrañas mismas del universo. Sin previo aviso, se pegó una versión de esta canción tan, tan impresionante, tan poderosa y a la vez tan desnuda… que me hizo sentir como si nunca hubiera escuchado música antes en la vida: Fue como si él mismo estuviera tocando al cielo, y una tuviera la perturbadora pero maravillosa oportunidad de presenciarlo.

Qué voz espectacular y qué sentimiento. Todos los demás también lo miraron. Fue como si se hubiera detenido el tiempo. En ese momento, no hubo nada más importante.

...

La versión de Dylan es buena, sí, pero mi favorita es la de ese señor. Lástima que no la tenga.




Los Guns.



La Avril Lavigne.



39 “Love Is Gonna Get You”, de la Macy Gray.

Esta canción era el tema principal de una serie que hizo la Alicia Silverstone, “Miss Match”, el 2003.En ella era una especie de Emma moderna, emparejando a todo el mundo y ella sola. Por supuesto, tal como el título lo dice, el amor estaba por “atraparla” (aunque no sé si alcanzó a pasar, porque al final la serie duró solo una temporada), y así la Alicia salía toda inocente y a punto de ser descubierta, el espectador sabiendo que el momento llegaría, aunque ella ni siquiera se atreviese a soñar con ello (es poco cool admitir que uno lo hace).

Yo encontraba a la canciónempalagosa y obvia, aunque igual la tenía, para escuchar a veces. Hasta que undía, en las primeras semanas de Australia, me salió en el aleatorio.

Y entonces me encantó. Me encantó, porque pese a que hace tiempo que estaba sola, y a que no había ni un moro en la costa… tuve la certeza de que algo iba a pasar, algo emocionante y nuevo. Y así la escuchaba por las calles, feliz en mis caminatas nocturnas, como preparándome a ello, diciéndome que tendría que venir…

Es que si la Macy Grey tenía razón no importaba – no importaba – cómo se veía el panorama, ni donde estuviera yo en el momento. Iba a tener que pasar. Era el destino. Me seguiría adonde yo fuera.

Y yo tenía derecho a soñar conello.

Toda esa onda feliz, me causó cierta expectación y alegría a la vez, y creo que me trajo mucha suerte. Tal vez sea cierto que, antes de recibir a alguien en la vida, uno tiene que tener el corazón abierto.

Y aunque aún no ha llegado el gran amor, desde entonces sí he podido tener unas experiencias muy alegres.



40.  “Maria”, de la película “West Side Story”.

Sí, a mí también me cantaron. Era fácil hacerlo, porque en Australia reduje mi nombre, María Paz, a solo María– más fácil – y hay muchas tonadas con él.

La que casi siempre escogieron para mí, fue la “Maria Maria” de Santana. Pero a mí ésa no me gusta,por lo que mañoseaba al respecto. Era especialmente tragicómico debido a que,en un viaje como ese, uno conoce a gente todos los días, lo que significa que pasé meses escuchándola reiterativamente. Lo peor era la cara de amor y amistad con la que me la dedicaban, a veces hasta bailándomela, por lo que no era lindo demostrar rechazo. Tortura.

Supongo que fue una especie de karma, por todas las veces en que se me pegaron canciones que a la otra gente no les gustaba, y que aún así no podía evitar cantar, jeje. Sabía que ellos actuaban de tan buena fe como yo, buscando complicidad y acercando mundos, siendo torpes e inocentes, y por eso en general me mordí la lengua… pero admito que cada vez me molestaba más, y que terminé odiando la cancioncita.

Es que me persiguió durante meses.

Sin embargo, afortunadamente no todos escogieron la de Santana. Varios se fueron con la de “West Side Story”, que irónicamente viene a ser la inspiración para la primera. Y unos pocos, la de“La novicia rebelde”, “How do you solve a problem like Maria?”, en la que hablan de la Julie Andrews y de cómo está loca, y de cómo así – o sobretodo así– luego se queda con el minazo del capitán Von Trapp. Suertuda.

Hoy todas esas canciones me recuerdan a buenos momentos… aunque la de Santana me gusta solo conceptualmente, porque todavía me irrita escucharla (admítolo). De todas formas, la voy a poner de bonus, para saciar sus curiosidades. Si prometen no cantármela…

La de West Side Story (mi ganadora).



"How Do You Solve A Problem Like Maria?", de "La novicia rebelde". Lamentablemente, esta no es la versión que quería poner, sino la que cantan en la iglesia cuando se casa (es que ésa no está). Es simpática pero cierta comentarista del YouTube tiene razón cuando dice "So, it's her wedding day and they're singing about what a pain she is?", jajaja.



Y un comercial que hicieron de audición en la BBC muy gracioso (como dato freak al  margen).


41. "Microdancing", de los Babasónicos.

¡Qué cosa tan pegote! Y la letrano dice casi nada. Solo algo así como “si te llevo de favor, ¿me prometes queesta vez no vas a arruinar la fiesta?” y luego muchos pero muchos “oh ohohohoh,oh ohohoho, apretados, microdancing”, repitiendo y repitiendo, de un modo taneficaz que uno casi no puede evitar cantar, y bailarla.
Es una canción real realmente buena. Y como dije, pegote, así que la canté durante todo el viaje. Y todavía.

Mi recuerdo favorito de entonces,fue con la Anne. Ella era una entusiasta compañía, que cantaba cada vez en que yo cantaba. Le daba mismo no saberse la letra, y chamullaba jubilosamente,causando en principio mi horror, luego mi aceptación, y luego mi agrado (había que dejar la maña). “Microdancing” era de nuestras favoritas, por ser fácil y alegre.

Una tarde, a las afueras de Bundaberg, en plena carretera y esperando a que alguien nos llevara a dedo al pueblo siguiente, me puse a cantarla. “Si te llevo de favor…”. La espera se hacía larga y tediosa, y era una tarde agradable, sombreada, llena de flores y pajaritos, en medio de la nada. “Oh ohohohoh”, repeticiones varias, bailando, y la Anne ya cantando contagiada y bailando también. Paso siguiente, dar vueltas en círculos y otras maniobras más complejas, “apretados, microdancing”, “ohohohohoh oh ohohohoh". No sé cuánto rato. No tanto.

Y entonces pasa el único auto envarios minutos, tocando la bocina. He ahí las dos locas, bailando con los ojoscerrados, inmersas en un universo paralelo, pasándolo chancho. Dimos un salto y nos miramos una a la otra, con vergüenza instantánea.

Y luego nos reímos. Es que fue tan divertido. Uno de esos momentos anónimos y totalmente cotidianos que son los que al final más se recuerdan.

En realidad, mirando el videoclip, pasó extrañamente parecido a en él. Chusto (y felicidad).



42. “Money, Money” de la película“Cabaret”.

En Blue Topaz, mi tercer y más largo alojamiento en el campo, la dueña del lugar era una mujer llamada Sue. Deunos 50 años, muy eficaz y bastante mandona. Administraba este “caravan park”, que tenía por lo menos 30 casas rodantes arrendadas, más los espacios para gente con la propia, más muchas pero muchas carpas, y solo una cocina al aire libre, y unos pocos baños, y además de eso nos conseguía las pegas.

No hubiera sido tan difícil la propia pega suya, si no fuese porque la mayoría de la gente era joven y en ánimo de jarana (dentro de lo que la vida de campo permite), así que igual la Sue se la pasaba quitando cervezas a los curados, haciendo callar a los gritones nocturnos, excusando a los carreteros que no llegaban a trabajar y cosas adolescentes del tipo. Y tenía fama de usurera, porque cobraba por cada ducha de agua caliente, y por llevarte en su liebre a las pegas, si no te conseguías tu propio transporte.

La gente no la quería mucho, aunque yo la entendía. Es que yo también sé el cacho que a veces es ser la voz de la autoridad (soy profe en media), y además era muy simpática, si una la trataba con educación y respeto. Yo creo que en parte muchos no la querían, porque así era más fácil enfrentarse a ella, y abusar de ella a veces también

Antes de conseguir mi propio transporte, tuve que inscribirme en la liebre, para llegar a la pega de los tomates, que me consiguió la misma Sue. Entonces yo escuchaba mucho “Money, Money”, porque es una canción alegre que me hace reír, y que además me motivaba a salir por ahí a ganarme mis monedas.

No recuerdo haberla cantado (qué plancha, porque no es una canción muy cool), pero sin duda lo hice, porque se la pegué a la jefa. Mis compañeros, con cara de risa, llegaron cuando yo ya no iba con ellos en la liebre, a contarme cómo la susodicha la cantaba feliz de la vida mientras iba a buscarlos y a dejarlos cada día. “See?”, me interpelaron alborozados, porque con esto tenían la “evidencia” de que ellos eran solo números y cifras para su persona.

La verdad es que la pobre Sue no podría haber elegido una canción más gráfica. Y como es de una película vieja, mis amigos ni siquiera sabían que existía, sino que pensaban que ella la había inventado sin querer para la ocasión, repitiendo ávidamente “money, money, money”, cual Gollum con “my precious”… como revelando inesperadamente el real contenido de su mente.

Yo me reí, y les expliqué, y entonces ellos se rieron también. No éramos tan graves después de todo. Y luego nos fuimos a reír con la Sue a quien no le dijimos directamente porqué era tan gracioso, pero quien igual cachó porque sospechosa – y atinadamente - dejó de cantarla.
  


43. “Moves Like Jagger”, de Maroon 5 conChristina Aguilera.

Éste un temazo Es embalado y gracioso, y muy feliz de bailar. Básicamente habla – o fanfarronea – de cómo quien la canta tiene “las movidas de Jagger” y así se pega sus buenas performances en las pistas, derrochando estilo. Lo mejor es la patudez del título, quizá, colgándose de la fama de Mick Jagger, y luego presumiendo ostentiblemente con ella.

A la gente le encantaba, y la ponían casi en cada fiesta.

Fue un hit recurrente a lo largode todo el viaje, porque como ya he contado, a los australianos les gustaba repetir las canciones, pero conservo un recuerdo especialmente feliz en Noosa, un lugar muy taquilla cerca de Brisbane, con unas playas preciosas y harto carrete. Con la Anne acabábamos de dejar el campo, y no dábamos más de la emoción de volver a ver gente, y lugares, en donde pasaba más que el mero crecimiento de la fruta. Además, estábamos con la Debbie, otra holandesa, una amiga de Stanthorpe (el campo), con quien viajamos un trayecto. Era nuestra devuelta a la vida, y estábamos muy emocionadas y expectantes. Como si no hubiéramos ni asomado la nariz fuera en años.

Juntas nos producimos y salimos a bailar. Quedamos irreconocibles, y no porque en el campo no nos produjéramos: es que entonces simplemente no era tan efectivo... las ojeras permanentes, los moretones, las manos siempre manchadas – aunque se lavaran – con la recolecta de tomates, el saber que cada hora luego se pagaría al día siguiente, en terreno.

Esa noche las tres simplemente brillamos. Y fuimos a las pistas en gloria y majestad, regresando a un mundo nocturno que habíamos dejado, y lo hicimos con tanto estilo y con tanta presencia. Sin hojas en la ropa, ni zapatos mojados por el barro, ni quemaduras por insolación (bueno, eso sí).

Como Jagger.



44. “Only Girl (In The World)” de Rihanna.

Ésta fue la canción que me recibióen Australia. Estaba muy, pero muy de moda, y me ametrallaron con ella desde elprimer hostal.

Es una canción buena, así que nopasó mucho antes de que me gustara. Era fácil de bailar y tenía mucha pasión. Pero la tocaban tanto que empezó a molestarme y además luego tuve malas experiencias al respecto, como cuando el chileno que me gustaba y estaba pololeando con otra, me contó con tanto amor cómo de feliz era bailándola con ella. Ouch. Mi relación con la canción bajó muchos puntos de rating entonces.

Pero no para siempre. Luego me fui al campo, yen mi primer trabajo, recolectando manzanas, me tocó trabajar a la par de Michael. Michael era un irlandés guapísimo, lleno de músculos y con aire de vikingo, que con su fuerza legendaria no solo trasladaba nuestras bolsas de manzanas en la pega, sino que también abría nuestros tarros apretados en la casa, y llevaba nuestras bolsas en el supermercado. Ese Michael era toda una adquisición.

Y a Michael le encantaba esta canción, y así repetía, “porque me haces sentir como si fuera la única chica del mundo”, una y otra vez en las horas laborales, indiferente de lo contradictorio que era escuchar eso de su masculina persona… mecía con su ritmo esos brazos bronceados que brillaba nbajo el caluroso sol veraniego, y toda su presencia… cada una de las mujeres del grupo detrabajo mirándolo de reojo, y suspirando, y compartiendo con las otras cómplices risillas. Era todo un espectáculo, y nos ponía muy contentas.

Ahora, cada vez que escucho esta canción pienso en Michael, quien se siente como la única chica del mundo. Y me sonrío.


 
45. “Quantum Theory”, de Jarvis Cocker.

Stanthorpe, abril 2011. Mi amiga Elaine se acababa de morir, ahogada en un tour de buceo. La última vez que me había llamado, apenas el día anterior, yo no le había contestado porque estaba amargada. Mi pinche francés me había puesto el gorro, yo lo había pillado infraganti, y aunque yo misma le había contado a la Elaine por mensaje, no quería discutirlo todavía. Así que ahí estaba su llamada tintineando en la pantalla de mi celular, y yo sin tomarla. De haberlo sabido…

Solo tenía 23 años. Recién cumplidos.

Sin embargo, no me siento mal por eso, porque cómo iba a ver venir que ella iba a morirse. Y al mismo tiempo…creo que en algún plano yo sí lo sabía, porque de algún modo curioso ya me había despedido de ella.

La Elaine y yo fuimos roomates en Sydney, durante todo marzo. A finales del mes, yo partí al campo, y poco después ella se fue a la costa este, el viaje típico que yo haría con la Anne un par de meses más adelante. Se suponía que nos veríamos por entonces, y eso comentamos por teléfono la vez anterior, la última, pero cuando llegamos al tema, sentí la inusitada urgencia de darle las gracias. “Why?”, me preguntó ella. “Because you really made a difference for me”,expliqué.

Y era cierto. La había conocido en un momento oscuro. El chileno que tanto había querido no me quería de vuelta, y eso significó una incomodidad que luego significó ser una exiliada de todo el grupo de compatriotas. Y allí estaba yo, sola, y sin muchas conexiones… hasta que la Elaine me tomó bajo su ala, compartió a sus amigos, y me hizo parte de su propia tribu. Y no solo me acogió en su propia vida, sino que me recordó cosas esenciales, como que todo pasa por algún motivo… lo que me permitió recobrar bríos, independiente de si ella me proveía todos esos bienes sociales, lo que igual hizo. Y me hizo reír. Y llorar. Y mirarme a mí misma, cuando nadie me estaba mirando.

Fue muy lindo.

Y todo esto ocurrió de un modo tan natural. Yo nunca tuve que pedírselo, porque simplemente sucedió. Y encontré felicidad en su amistad, y creo que ella también encontró felicidad en la mía.

“Why are you saying goodbye?”, me preguntó angustiada luego de escuchar pacientemente un listado de cada cosa buena que había hecho por mí y mis agradecimientos al respecto. Qué suerte tuve de poder expresarlo. Creo que ella también sabía lo que se venía, porque la conversación había cobrado un tinte muy serio. “I just have to say this”, repliqué, “I know we’ll meet again but meanwhile it’s better not letting things unsaid”. Todavía pienso así. Nos veremos de nuevo, querida.

Cuando me contaron que la Elaine murió, me puse muy triste. Eran días largos recolectando tomates, y yo lloraba mientras los extraía de las plantas, en la privacidad de mi hilera (cada quien trabajaba en una). Y entonces Jarvis. Hablando de la teoría cuántica, y de cómo estamos todos conectados, arrastrando suavemente las palabras con su deliciosa voz. Según la teoría cuántica, el mundo como lo conocemos en realidad no existe. Solo somos energía, no hay tiempo, ni muerte, (ni vida)… todos estamos conectados.

“Somewhere, everybody is happy”, Jarvis cantaba dulcemente.

“Somewhere fish do not have bones”, esa no la entiendo, pero filo.

“Somewhere gravity cannot reach us anymore”, sigue, y luego “somewhere in a parallel dimension, happening now but not within your sight… forces that bind the universe together”.

Y por último y como para rematar “everything is gonna be alright”… "todo está bien", una y otra vez. Eso lo repite muchas veces. Como un mantra. Everything is gonna be alright...

Ese Jarvis es un genio, y me trajo mucho consuelo.



46. “Rien de rien”, de Edith Piaf.

Esta canción es preciosa, y aunque hay unas de la Edith que me gustan más, ésta es la que elijo cuando hay que cantar en público. Es que la letra es más distinguible, entonces siento que chamullo menos.

Cuando conocí a Rom, el francés,lo conocí junto a sus dos amigos. La primera conversación que tuvimos fue en la sala común del hostal de Bondi, Sydney, los tres juntos. Ellos habían llegado esa misma mañana desde Francia, y estarían allí solo dos días, porque después se cambiaban a una casa rodante. Intercambiamos datos y consejos, y entremedio llegó alguien regalando entradas exclusivas para un concierto del grupo MGMT, ese bien popular que canta “Kidz”, y salimos los cuatro beneficiados. 

MGMT es un grupo muy bueno.

Pero, si Romain era chico, sus amigos eran aún menores. Uno de ellos tenía 22, como él, pero el otro tenía…18. Así que al principio no quería relacionarme mucho con ellos, porque aún eraprejuiciosa. Más que prejuicio mismo, me daba miedo que me rechazaran cuando supieran que yo tenía 29. Lo gracioso es que luego supe que a Rom pasaba lo mismo con que él tuviera 22. Muy tontorrones.

Sin embargo y pese a eso, el invite de MGMT era demasiado bueno, así que decidí aceptar la idea de ir todos juntos, y entonces mis tres franceses me fueron a buscar al hostal para salir, como si fuese una cita cuádruple. Fue muy dulce, y estábamos todos nerviosos. Luego, en el trayecto nos perdimos, así que deambulamos por las calles por lo menos una hora.

Como los franchutes tenían un pésimo inglés, la conversación que ya era dificultosa, se puso realmente tensa... hasta que a uno de ellos se le ocurrió cantar. La única canción que se nos ocurrió fue “Rien de Rien”, y así la entonamos, varias veces mientras caminábamos por las calles de Sydney, al principio con cierto nerviosismo, luego con más energía y al final con verdadero espíritu, casi como seres inmortales.

Yo conservo un recuerdo muy feliz al respecto. Es que fue una noche distinta e internacional. Ahí estaba yo compartiendo con tres franceses con los que nunca se me hubiera ocurrido relacionarme en Chile, y pasándolo a todo cachete con eso. La vida me sorprendía. Eso significaba que también podían abrirse posibilidades inesperadas en cualquier parte. Y quizás a ellos les pasaba igual. Todos apenas empezábamos lo que sería Australia.

 "No me arrepiento de nada”, dice la Edith en este tema. Y yo tampoco.



Agrego “Time To Pretend”de MGMT, porque fue la canción del grupo que más cantamos, tanto antes comodespués del concierto. Creo que es mi predilecta de ellos, y además ojo con elsignificado del título “tiempo de fingir”, que es un poco lo que estabahaciendo… omitiéndole a Rom mi edad verdadera jejeje (aunque después se la dije).


47. “Something Stupid”, de la Nicole Kidman con Robbie Williams.

Hay muchas versiones de esta canción, pero a mí la que más me gusta es ésta. Es que, en la original, a la Nancy Sinatra, casi no se le oye la voz. Frente! tiene otra buena, pero en esa es al hombre al que casi no se le oye (y en YouTube de ellos solo hay versiones en vivo muy malas).

Esta canción apareció en mi obsesiva mente para torturar a la Elaine. Sin intención, claro. A ella le gustaba mucho un tipo, con el que después pololeó, pero entonces estaban apenas empezando el flirteo. Y luego de la esperada primera cita, llegó angustiada diciéndome que, aunque lohabían pasado chancho, ella había metido la pata y dicho “something stupid”. Real realmente le gustaba, así que estaba muy amargada, "what do I do now, Maria?", me preguntaba entre llanto y risa. Trabajaban juntos, así que le daba miedo ir a la pega. Por eso la primera cita sehabía demorado tanto en suceder, dicho sea de paso.

Por supuesto, la cosa tonta que dijo no era tal, tanto que ni siquiera me acuerdo de qué era. Solo sufría el efecto importancia que nos pasa cuando alguien nos gusta mucho, pero entonces me contagié con su miedo, y procuré consolarla. Y así se fue esa noche. Entremedio,mi subconsciente maquiavélico ya había tomado el literal de su frase y traído la canción a mi mente, pero con esfuerzo logré mantener el asunto a raya.

Cuando el incidentepasó, ya no fui tan hábil. Es que es una que me gusta mucho, y que es muy pegote, entonces me era especialmente difícil desprenderme de ella. Así que, cadavez que llegaba la Elaine luego de la pega, al mirarla, se me cantaba sola. “Sorry!”, exclamaba entre llanto y risa, y ella con cara de paciencia. “Sorry, sorry!”. Jajaja. Qué odiosa.

Pero a la Elaine también le gustaba. Y una de las veces en que notó que yo había empezado a cantarla, y luego mordido la propia lengua… ella misma procedió a terminar lo comenzado. Y para mi sorpresa, sacó un vozarrón impresionante… unavoz muy profunda, y afinada, y llena de energía, y que sonaba muy fuerte, y que movía cosas adentro.Podría haberse dedicado a eso. Y no lo digo porque la eche de menos: es simplemente cierto.

Siguiendo el ánimo musical,intentamos hacer el dúo pero eso nunca nos funcionó mucho. No nos desafinábamos, pero sí nos íbamos de una voz a la otra, y en especial no podíamos decidir quién haría de hombre y quién de mujer.

Qué recuerdos.



La versión original.


48. “Tan alta que está la luna”, de Quilapayún.

Otra vez el poder de mi subconsciente.En el campo, la luna alta saliendo por las montañas. En las noches era especialmente fácil de ver, en especial en Blue Topaz (parque de casas rodantes),donde nos cortaban la luz a las 9 de la noche. Y esta luna no solo se pavoneaba en el campo, sino que también en la mayoría de Australia, y en toda Nueva Zelanda,donde nunca había mucha gente, entonces había menos contaminación luminística, y mucho más brillo para el astro selenita. Y mi mente ponía de soundtrack, casi cada vez, la canción.

Es una muy linda. Y tiene ese toque andino y folkórico del país donde nací y fui criada.Su ritmo hipnótico, el recuerdo de mi casa, y el saber que mirábamos la misma luna… aunque para ellos fuera día cuando yo la veía, y viceversa.

Suficiente para entrar a mi lista.