Correteando: La tercera es la vencida

miércoles, 9 de marzo de 2011

La tercera es la vencida

Ya estoy de vuelta en Sydney, luego de mi viaje por Indonesia. Estoy de nuevo tan inmersa en medio de las cosas que es como si nunca hubiera estado allá, aunque lo estuve, claro. Estoy de vuelta en el hostal de Lamrock, Bondi. En algún momento encontré un departamento compartido muy rico, y muy barato, al lado de la playa, pero al final lo decliné por dos motivos. El primero, que hasta ahora me vuelvo el 6 de abril (éste es el como el cuento del lobo, jaja), entonces no quiero amarrarme a una parte fija. El segundo, que me hace bien estar en el hostal. Me obliga a compartir con las personas. El mío es como un enorme flatshare, en donde no solo aloja, sino que también vive mucha gente. Hay mesas afuera, en donde jugamos póker, y si uno está en el comedor a la hora apropiada, hasta puede ser que le toque un glorioso plato de comida caliente, junto a un grupo de muy diversos comensales… y a veces los gentiles hasta le llevan a una el plato al jardín, al solcito. Servicio de primera clase aunque, más importante, una especie de familia.

Vivir en un backpacker tiene sus bajos, también. El refrigerador es enano, no hay clóset, y solo hay una luz en la pieza… pero luego eso hace que uno desarrolle sus capacidades de síntesis y de organización, y también que no se acueste tan tarde. Además, como la mayoría de la gente trabaja, uno se levanta temprano también, aún en días en que no tiene nada que hacer. Lo único que me es más difícil, es la falta de privacidad… pero esta vez me tocaron unas roomates tan simpáticas que no me importa tanto. Las tres son de Gran Bretaña y me invitan a todas partes. La primera de ellas, Elaine, irlandesa, me manda mensajitos para saber cómo me va en las entrevistas, y cuando cruzamos la calle me toma del brazo porque sabe que a veces me tiro sin mirar demasiado. Es como si fuera mi mamá y eso que tiene 22 años. Además, trata de aprender castellano, y cada día se despide de mí con un "buenos nachos"… admito que no la he corregido, pero creo que lo haré antes de que ella se vaya (la próxima semana), como para no desvirtuar el sentido del aprendizaje. Es que cada vez que lo dice me causa tanta gracia… que hago como si nada, para que siga diciéndolo. Es que es lo más dulce que hay.

Luego viene Sarah, una inglesa encantadora de 23 años, que tiene un séquito de admiradores que tocan la puerta cada cinco minutos preguntando por su existencia. El misterio no es cómo los conquista (además de ser lindísima, es muy dulce y siempre está de buen humor), sino que en qué momento lo hace porque, como Elaine, tiene dos trabajos. Y por último está Kat, de 25, una escocesa/filipina que también anda en busca de pega, por lo que es la que más veo, pero justo es con la que menos hablo. Cada tarde o noche nos encontramos las cuatro y compartimos las experiencias del día, y luego a veces salimos a tomar algo… sidra, y cerveza negra, y cosas que les gustan a ellas, y que yo he ido conociendo, y como Sarah tiene un mega fan club, casi siempre vamos acompañadas de un séquito de galancetes, que a veces hasta nos pagan los tragos en su afán por ganarse puntos con ella.

Y como la vida del backpacker a veces tiene beneficios, resulta que el jueves vamos a ir a ver a MGMT (banda bacán) gratis, con unas entradas que nos regalaron hoy unos team que vinieron. Y además también hoy, como el lugar está lleno de irlandeses… tuvimos una PANQUECADA, ya que mañana empieza la cuaresma, y es una costumbre que tienen justo antes de eso, como para despedirse de las cosas ricas por 40 días de recogimiento… se llama, de hecho Pancake Day (pueden googlearlo)… Tantos de estos europeos son tan religiosos… y se toman tan en serio estas costumbres, porque después de eso realmente pretenden restringirse... Esto me llama la atención porque las malas lenguas chilenas siempre hablan de ellos como unos libertinos, casi culpables de “la decadencia actual”, “la demolición de la familia”, “el fin de los valores” y otras formas grandilocuentes del tema, y resulta que muchos tienen todos esos hábitos de los que esos mismos malhablados carecen… en este caso la austeridad… para eso basta ver los banquetes de pescado que se dan muchos católicos el viernes santo, como para en cierto modo convertir algo que supone ser un acto de desapego, en una pillería hecha con éxito. No digo, claro, que sean todos así… pero sí que pasa harto. El doble discurso.

Bueno, la religión igual es un tema conflictivo, y a mi parecer no tiene que ver con la moralidad de las personas, aunque ciertas líneas de lo que promulga puedan ayudar… porque hay gente muy noble que no tiene religión, y viceversa… Lo que intento decir es que llama la atención que esa estructura espiritual (o como sea) que algunos grupos sociales establecen para regularse a sí mismos o mejorarse como comunidad… a veces sea justamente más violada por quienes más trataron de instaurarla. Aunque solo algunos de ellos, claro.

Pero la vida está llena de contradicciones, en especial en cuanto a la religión. Tanto en Australia como en Indonesia, he conocido a un montón de gente que en ella tiene costumbres aleatorias. Un árabe en Cairns que se destruía con marihuana y hongos… pero nada de alcohol (no sé de qué religión específica era). Luego un musulmán en Bali justo al revés, contra todas las drogas naturales (marihuana, hongos, incluso tabaco)… pero que cada noche se tomaba todas las cervezas de la cuadra. Y hoy, un hindú seco pal póker… pero que solo juega cuando es sin apostar plata real… porque no puede apostar de verdad (y ojo con que hay que poner solo 5 dólares para entrar) (nada, si consideramos que el juego dura horas).

En fin, tampoco es mi intención andar juzgando a la gente… cada uno sabrá lo que hace, pero es curioso, ¿cierto? Las personas somos bien locas. Ah, y tampoco es mi intención poner el comer pescado al mismo nivel que las drogas... pero se entiende.

Así que eso he hecho últimamente. Mirar a la gente, aunque a gente extranjera, porque a chilenos casi ni he visto… he estado con un par, pero pocazo y es que en general no hemos coincidido, y que también que he estado… trabajando… porque ¡sí, lo logré! ¡trabajar! Y principalmente gracias a uno de mis amigos de antes, el Nico, principal contacto, casi rockstar del lugar y la entrevistadora preguntándome porqué lo cacho, con los ojos llenos de amor, jaja. Gracias, Nico.

El proceso entero fue bastante rápido. La agencia se llama Swift Solutions, y se dedica a mandar a la gente a trabajos temporales en fábricas… todo tipo de trabajos, y además cerca de mi hostal. El miércoles fui a dejar el currículum, el viernes tuve la entrevista, y quedé altiro. Así que el lunes al fin trabajé… ¡en una fábrica de ropa! Y estaba feliz… 20 dólares la hora… se puede ganar más, pero igual bien… la fábrica a menos de una hora de mi cama (jaja, cuando uno trabaja en esas cosas uno no piensa en su casa, sino en su cama)… de 8:30 am a 5 pm, con solo un break de 15 minutos a las 10, y media hora de almuerzo… sin poder ni sentarse entremedio, pero qué más da, soy joven y rozagante, y tengo mi salud, y chao pescao.

Yo quería tanto pasar por la experiencia, así que estaba encantada. Pasé el día entero etiquetando, guardando, colgando, descolgando, todo tipo de prendas (la mayoría feazas). Solo éramos cuatro provenientes de la agencia, y el resto trabajadores fijos… impacta un poco verlo, porque para mí es una novedad trabajar en algo así… pero imaginar cómo para alguien es la realidad de una vida entera… causa agradecimiento por poder tener oportunidades… Unos días, o unos meses en la fábrica pueden limpiar la mente… pero vivir allí… no me imagino cómo puede ser. Aunque tal vez no sea tan terrible después de todo, y uno se acostumbre, porque al final, si nos ponemos discutidoras, es una pega como cualquiera… y además siendo profesora hay días que pueden ser real realmente dantescos.

De las cuatro en la fábrica, aparte de mí, había dos inglesas y una francesa, y la manager nos pasó a mí y a la francesa casi todas las tareas mayores. Las dos inglesas eran buena onda, pero demasiado complacientes y observé que a la manager le irritaba que cada vez que les pasaba una caja contestaran “thank you”, casi con una reverencia. La francesa, en cambio, nunca dijo una palabra, así que yo copié su actitud, pese a que soy de las que se inclina por las formas sociales y las reverencias, y en pocos minutos estaba on fire. Lo divertido es que yo pensaba que la francesa, Marine, era una chica segura y ruda (lo mismo que debe haber pensado la manager)… pero la verdad es que casi no sabía inglés. De las cuatro era lejos la más joven, quizá de unos 18 años… muy seria y compuesta, lo que la hacía parecer aún más autoritaria, aunque cuando sonrió al final del día parecía tan contenta que yo casi lloro. Ella fue la que nos anunció el fin del día... un evento feliz, pero que habría sido aún mejor si lo hubiera anunciado un pito tipo Pedro Picapiedra, jeje.

Oh, y a mí me encantó trabajar allí. Luego de algunas horas me dolían todos los músculos… pero el trabajo repetitivo… oh… mi mente flotaba. Me habría gustado que la pega hubiera durado más… porque además de que estaba ganando plata, sentí que estaba limpiando cosas dentro de mí… cada hora que pasó, cada caja de poleras que colgué, cada serie de pantalones que etiqueté… mi cuerpo estaba allí en movimiento, en movimiento, en movimiento, y mi mente mirándolo todo desde arriba, sumergida en una paz que llegó a ser casi insoportable. Cantaba dentro de mí, pero no yo, sino mi mente, sola, a su propio ritmo y bajo sus propias condiciones, totalmente ajena a mi persona, como un divorcio temporal. Y cuando se acabó el día, aunque me dolía todo (yo creo que por ser el primer día)… me sentí tan bien. Como si hubiera vuelto de un break, de ser yo misma. Mientras trabajé ni siquiera recordé mi nombre. Era solo una máquina. Una máquina útil. Una máquina cantarina, con ocasionales destellos de certezas… pequeños enunciados que dijo la voz dentro de mí sobre cosas de mi vida, y a veces hasta de la vida misma… la mayoría muy inteligentes… muchos, también, sorprendentes.

Yo casi no podía esperar para seguir allí y ver más… luego de unas buenas horas de sueño, claro.

Pero al día siguiente me echaron, jeje. Lo que pasa es que la noche antes, a las 2 de la mañana, pese a que estaba agotada, no podía dormir. Había llegado tarde ese primer día, porque me perdí en el metro, entonces estaba realmente preocupada de llegar especialmente temprano el día siguiente. Es que nunca había llegado tarde a trabajar, en la vida, y me cargó hacerlo el día uno… y además sentí que no podía dejar mal ni a la empresa, ni a mi amigo, ni al jefe de la fábrica que cuando me despedí, me dijo sonriendo “so tomorrow you know where we are!”, pese al atraso.

Pero eran las 2 de la mañana, y todavía no podía dormir. Y cuando no puedo hacerlo, tomo unas pastillas que me dio el doc, que son buenas y legales (jaja), pero que por algún motivo me dejan absolutamente drogada, antes de pegarme el K.O. Y una vez que las tomé, se me ocurrió ir al baño, y como no hay luz en la pieza, tengo que usar el celular… y de pava (y drogada) a la vuelta lo dejé encima de la cartera de una de mis compañeras, y como son todos iguales, al día siguiente se lo llevó… Salió aún más temprano que yo (entra como a las 7 am a trabajar), así que ni asomo de ella cuando sonó mi despertador ¡sin estar yo ahí para escucharlo!

Tipo 7:20 me despertó la Elaine, mi segunda mamá, jaja, preocupadísima porque yo estaba atrasada… y todavía era temprano, pero nica llegaba a la hora. Tampoco podía llamar a la agencia (porque no estaba mi cel con el número) así que mandé un mail. Tuve que adornar un poco el tema, porque si no era demasiado poco creíble, y además nerd. Y a la hora de almuerzo volvió mi roomate, corriendo, porque se dio cuenta que se había llevado los dos cel, y cachó lo que había pasado, y ahí sí llamé a la empresa, pero aunque fueron corteses, no me creyeron absolutamente nada... poniendo la voz más inexpresiva que haya escuchado en un buen tiempo. Y, claro, lo entiendo, porque posiblemente yo tampoco me habría creído. Además, ya había metido la pata llegando tarde el día anterior… con tal que me dijeron que me iban a poner en la lista de espera, jejeje. Caput. “Te llamamos”. Ouch. O como dice Homero, D'oh!

Después de eso pasé un rato sintiéndome mal, por mí, y también por mi amigo, y por mis finanzas, y por el abrupto fin de mi trabajo de exorcismo personal… pero luego decidí que no puedo volver al pasado, así que... y de ahí pasé casi toda el día en el jardín del hostal buscando pega, con ocasionales breaks de panqueques y póker. Hasta hice un mapa donde están las agencias más importantes, y mañana voy a ir taponarlas con mis adorables currículums, a ver qué pasa. Aunque la Sarah, mi roomate, se va el próximo martes a Perth, y me dijo que iba a tratar de que me dieran a mí su puesto, en una tienda, 22 dólares la hora. Si la agarro, le damos, aunque preferiría trabajar en algo, ya lo dije, purificador, jeje. De verdad.

Y además no sé si es mi tema, trabajar en una tienda… dado que hay pocas cosas que me gusten menos que perseguir a la gente, y en las tiendas uno tiene que andar convenciendo a las personas y preguntándole cosas. Pero no porque yo huya cada vez que un vendedor siquiera me mira en un local (cosa que hago, jeje), la otra gente es igual. Y si hemos de ser sinceras, nunca he trabajado en una, así que, quién sabe, tal vez me guste… he sido buena para otras cosas antes, cosas insospechadas. Como cuando se me ocurrió ser profesora. Eso no lo vi venir ni por si acaso. Siempre miré a todas las de mi colegio, con compasión, diciéndome a mí misma que nunca trataría de imponer aprendizaje a niños que generalmente no quieren aprender (aunque siempre me tincó la idea de ser profe de universidad)… pero luego no solo lo hice (y volveré a hacerlo), sino que también me gustó (y volverá a gustarme)… y hablamos de que realmente me gustó, con – ocasionales – niños chillones y todo, y de que aunque tengo días malos, tengo otros en que soy brillante… así que fue una buena elección.

Pero ahora estoy en otro tipo de trabajos, en la dura vida del obrero, jaja… y mañana necesito toda mi energía y mi mejor cara para que las agencias me quieran. Así que mejor buenas noches.

O buenos nachos (aww).

En el próximo post cuento la segunda parte de mi viaje a Bali. Si logro estar ya inmersa en lo que quiero… me vendrá bien, porque será casi como viajar de nuevo.



Con la Elaine, produciéndonos pal Mardi Gras (festival gay muy choro). Ojo con que "Mardi gras" se refiere al último martes de grasa... el martes antes del miércoles de ceniza, donde uno todavía puede comer "cosas nutritivas"... una oportunidad de esparcimiento y golosería jaja... Lo mismo que el "Pancake Day", ¿gracioso, no, cómo la religión afecta de tantas maneras nuestras vidas, con eventos tan distintos salidos de ella? Y una a veces ni sabe.



En el paradero, con compañero de hostal y señoras.



Parte del desfile (aunque no se cacha nada, mi cámara saca pésimas fotos de noche a distancia).



Participantes.



Cachen la felicidad de la gente.



Católicos gay... "say a little pray for...".



Con Simeon y la Elaine.



Con Gerald y el clon casual de Ethan Hawke atrás.



La gran torta gran del matri gay.



Solo un pedazo de la calle.



Gente compartiendo y llevada del momento.



Gayola... jaja.

4 comentarios:

Constanza Greene dijo...

se nota que lo estas pasando malito!!, patua nomas...

Anónimo dijo...

que buena debe de haber estado esa fiesta

Anónimo dijo...

bueniiiisimos tus blogs maspacita, es verdad que los espero, siguelo pasando la raja, ojalá consigas pega ja ja

Anónimo dijo...

!!!! Que buen viaje!!!! eres lo máximo de entretenida para escribir