Correteando: Qué lindo que es viajar.

miércoles, 8 de junio de 2011

Qué lindo que es viajar.

Bien, así que acá estoy, haciendo hora para mi vuelo a… Nueva Zelanda, ¡sí! Mis planes cambiaron otra vez, pero esta vez son bastante definitivos. Llevo poco más de 6 meses en Australia y alrededores, y lo he pasado chancho, pero estoy cansada, corta de plata, y he logrado ya todo lo que quería. Así que, decidí volverme a Chile, a mediados de julio… después de pasar por Nueva Zelanda y por algunos lugares básicos australianos que todavía me quedan, a la vuelta de eso. Las Filipinas quedan temporalmente eliminadas en esta vuelta porque, voluntariado y todo, son mínimo 1500 dólares entre el puro pasaje y el alojamiento, y los países exóticos, puedo hacerlos en el verano… trabajar el segundo semestre en Chile, pagar deudas, juntar plata nueva, y luego reencontrarme con mi amiga Anne que quiere ir ¡a los mismos! Y justo en los meses que coincidirían conmigo, y viajar sola un poco también, o con quien sea que se anime y sea relajado y simpático.

Y ahora estoy partiendo a Nueva Zelandia, y estoy feliz pero también triste porque resulta que a estas alturas… AMO AUSTRALIA, y me da pena dejarlo aunque sea por un rato, porque me recuerda a que luego lo dejaré por mucho más que eso… y es que este lugar se me ha hecho querer. Cada vez que pienso en cómo han sido estos meses, se me hincha el corazón. Ha sido absolutamente maravilloso. En ocasiones, la experiencia me ha comido con zapatos, pero en general… ha sido totalmente refrescante y totalmente… otra vez, maravilloso, tanto que hasta la comida con zapatos ha sido un poco divertida. He visto lugares tan lindos (aunque todavía no veo canguros) (excepto muertos), conocido tantas realidades y además y muy importante, por algún motivo, acá todo el mundo me quiere. En Chile no siempre me pasa así, muy seguido asusto a la gente, o soy malinterpretada, o qué sé yo… pero acá me ha pasado que simplemente me quieren, tal como soy, y que me quieren mucho. Nunca en la vida he sido tan popular como ahora… tal vez sea una cosa de mera casualidad o de circunstancias, o algo nacido del hecho de que esto igual es pasajero… pero así ha sido y me ha encantado vivirlo. No tengo que dar explicaciones sobre cómo soy, ni que hacer nada para ser apreciada… excepto ser yo misma. Eso ha sido un bálsamo para muchas más heridas de las que podría nombrar, y además una oportunidad de experimentar mi propia persona de nuevas maneras… a través la ventana de la incertidumbre… y es que en donde nadie la conoce a una, una puede reinventarse, y lo mejor de todo es que todos esos espacios que uno ve nacer o renacer en sí misma… siempre fueron reales. No es algo que uno dice, o se dice: es parte de uno. Por algo pueden salir a la luz: porque existen.

Saliendo de lo abstracto y metafísico, mi viaje a la costa este estuvo bacán. En el post anterior creo que quedamos en Agnes Water / 1770 (que es lo mismo)… una playita ridícula en un lugar precioso, otra vez casi vacía, de gente. Es un lugar al que recomiendo mucho ir, porque está lleno de actividades distintas y a un precio muy barato, barato incluso para países no australianos… clases de surf, por ejemplo, a 17 dólares las 3 horas. Hay paseos en moto en donde uno ve canguros, paseos en bici eléctrica por el parque nacional, paseos en kayak al mar al atardecer a ver delfines, surfing, kitesurfing, y mi amiga Anne… hasta manejó ¡una avioneta! ¡sobre el mar! en otro de los toures. Aparte está algo llamado “the outcast experience” o algo así, que viene a ser como “la experiencia de los exiliados”, y es un paseo en donde uno se va con unas 15 personas a una isla en medio de la nada… el guía te deja en la isla y se va, ¡y uno vive ese día completo alejado en la nada! Es como Fraser, pero infinitamente más barato, y sin la manada de dingos come-cosas. O sea, hay dingos, pero no están acostumbrados a la gente así que se esconden, y el mar no tiene tiburones, sino delfines. Choro, ¿cierto? Una experiencia.

Pero en Agnes Water yo no hice nada. Nada de nada. Nada. No sé qué fue, si el acumulado de tantas cosas, o cierto cansancio general, pero estuve totalmente agotada y apenas pude convencerme a mí misma de salir de la hamaca. Es más, ni siquiera pude convencerme de leer dentro de la hamaca, porque a la hora de tomar el libro me quedaba prácticamente mirando el cielo con la boca abierta. Lo gracioso (y aliviador) es que la mayoría de la gente estaba igual… personas que también estaban haciendo la costa este, y que se quedaron allí a descansar un rato. Es comprensible, porque el lugar es baratísimo… pero ¡había tantos paseos! Y yo simplemente fui incapaz de usarlos… En vez de andar afuera haciendo historia (o casi, jaja), pasé tardes enteras viendo maratones de “Sex and the City” con la otra gente del hostal, especialmente las chiquillas. Apenas me podía mi cuerpo, mientras la Anne vivía en estado de excitación, haciendo cuanta actividad había y llegando todos los días a las 3 de la mañana. Cuando la veía laparecer toda radiante, sentía como si yo tuviera 150 años de edad y solo pudiera admirar la jovialidad de los demás, mientras a mí ya se me había acabado. Solo podía soñar, con esa gloria previa, de tener energía para hacer cosas.

Pero resucité luego de eso, solo que en el lugar siguiente… Airlie Beach, en donde pasé mi cumples número 30, que estuvo ¡tan bueno! Las 12 las pasé en el bus desde Agnes hasta allá, y la Anne me cantó y me dio un picnic de sorpresa (chocolatín, Coca Zero) a las 12:00:01, con tal que los compañerines de bus de unieron… ¡y luego algunos de ellos hasta me compraron regalos en la estación de servicio! (la solidaridad del viajero). Después, tipo 7 de la mañana llegamos a Airlie, en donde la Anne me cantó de nuevo, esta vez con una torta y con desayuno cumpleañero… como estábamos solo las dos, tuve que unirme al cántico (“happy birthday to me”), pero ahí otra vez vivimos la solidaridad del viajero… ya que terminamos con un grupete digno de banda sonora. Y de ahí en la noche, luego de siestas varias, salimos a carretear con la Kristine, también, una amiga de Estados Unidos que conocimos en Agnes Waters. Queríamos salir a comer a un lugar muy pro, ya que 30 es un número redondo, pero se nos pasó la hora y terminamos muy producidas en el McDonalds, antes de salir bailar por allí… Y después, a la mañana siguiente ¡en Chile seguía siendo mi cumpleaños! El más largo de mi vida, jaja… y de allí recibí hartos mails simpaticones, y saludos amables, aunque hubo gente matea que hasta me felicitó en el tiempo australiano, no chileno, y algunos hasta me hicieron llorar.

Airlie Beach, a su vez, un lugar precioso… pero no realmente una playa (bañable). Queda a medio camino entre Brisbane y Cairns, y a esa altura pasa que hay más animales venenosos en el mar, y por ende, más piscinas (o “lagoons”) y menos chapoteo en playas abiertas… Hay, todavía, de esas playas, incluso cerca de Cairns, pero mientras más al norte se va, más difícil es encontrarlas, y además, debido a la barrera de corales, en el norte de Australia casi no hay olas en ellas En Agnes Water, destino anterior, es el último lugar donde todavía se puede surfear.

Pero las playas que Airlie no tiene, están de sobra en las islas de los Whitsundays, archipiélago en donde fuimos a navegar. Bookeamos un tour, tres días y dos noches, en el Clippard, el barco carretero. Hay muchos más, pero fuimos a ese, porque la Anne realmente quería ir, y yo dije "bueno, ya". Tuve un poco de miedo, porque pensé que iba a ser un lugar copado de adolescentes vomitando por la borda… pero la gente era de todas las edades, diversa en todo aspecto, y también simpática. Conocimos playas, snorkeleamos, buceé, delfines bailotearon una noche antera alrededor del barco, y en el proceso hicimos varios amigos nuevos... conversando en el jacuzzi (jeje), tirándonos por el refalín o lo que sea, y como casi todos están haciendo la misma ruta, a varios de ellos los seguimos viendo a lo largo del camino.

Luego del barco, volvimos a Airlie, que es de donde zarpa. Nos quedamos un par de días más allí, buscando trabajo ya, dado que el próximo destino era Cairns, final del viaje. Entonces conocí a un alemán con el que pinché, que me llevó a pasear por ahí y por allá, por lo que me quedé aún tres días más mientras la Anne partió a Cairns a agilizar la búsqueda. Quedarse en Airlie me encantó porque es tan verde y tropical, y en cualquier momento uno ve iguanas gigantes, o unos pavos, o pájaros de todos colores merodeando alrededor de uno… además me llevaron a ver unas cataratas lindas, y también me tocó una cabaña con gente muy amorosa, entre ellas la Keira y la Hilary, dos norteamericanas, con quien salimos en las tardes a hacer “speed walking”, y moviendo los brazos como lo hacen las señoras mayores, jaja.

De ahí llegué a Cairns, justo a tiempo para el cumples de la Anne. Otra vez torta, y bailongo, pero en Cairns ya con el fin de las vacas, no hicimos más paseos ni nos relajamos demasiado… sino que pasamos días completos caminando alrededor de la ciudad, con más de 30 grados de temperatura, repartiendo currículums y hablando con gente. Fueron días largos y aburridos, aunque menos aburridos por el hecho de que íbamos juntas y de que nos entreteníamos en eso, haciendo pequeños breaks de agua o helados.

A los pocos días, la Anne encontró una pega bacán. En una isla paradisíaca, al norte, casi en Papúa Nueva Guinea: Horn Island (jaja). De barwoman, mil dólares a la semana y dos días libres en cada una. Espectacular, pero mínimo tres meses y sin cupo para mí. Por eso, seguimos buscando algo juntas un rato más, pero no pasó mucho antes de que me diera cuenta de que yo no estaba realmente motivada con trabajar tanto más, aquí, así que la Anne aceptó la pega y se fue, en menos de dos días. A ambas nos cargan las despedidas, así que nos evitamos en esos últimos dos días, porque nos daba pena vernos, jaja, pero la despedida fue terrible de todas maneras, llorando en la calle con la gente mirando, y es que una se emociona, cuando comparte con tanta intensidad experiencias que la hermanan a una con la gente… aunque antes de ese evento lloroso fuimos a un karaoke, y yo canté, y ella se puso a bailar con unos aborígenes para darme cuore y ése es el recuerdo que me llevo, aunque cuando pienso en él me dan ganas de llorar de nuevo (sensible que es una)... pero las bienvenidas y despedidas son parte de los viajes, y también de la vida misma.

Luego de eso me quedé todavía unos cinco días más, en Cairns. No estaba segura todavía de qué hacer con mi propio viaje, hasta que decidí lo que dije al principio del blog. Antes de decidirme, seguí buscando pega, pero pegas que no fueran tan largas, sino que para un mes o algo así, lo que dificultó la búsqueda. Pero además de eso, estuve con otros amigos que conocí a lo largo del viaje a la costa este, y disfrutando la “lagoon”. Escribí un montón de mails pendientes, y de postales, y debo decir que le di mucho a la vida social. Es que algo bueno que tiene Cairns, y sin querer ser discriminativa, es que hay mucha más gente de mi edad que en otros lados, y eso hace que me sea más fácil conectarme con la gente. Y una vez que decidí irme a Chile en julio, y a Nueva Zelanda ahora, dejé la búsqueda laboral, y pasé a puramente disfrutar Cairns y hasta tomé un tour para ir a bucear… ahora que tengo la licencia certificada, ejeje. Muy lindo, estaba el pez Napoleón, gigante y azul, que la persigue a una para que le haga cariño, como a un perro, y había corales de colores, y el agua estaba celeste y caliente.

Y ahora estoy ya en Nueva Zelanda, en donde probablemente perderé el tono fascinante jeje (me vieran). Cuando empecé este post, estaba partiendo hacia acá, pero ahora ya llegué, y estaba esperando a que amaneciera para ir a buscar backpacker, ¡cosa que acaba de pasar! (llegué a las 5 de la mañana y ya son las 7). Y tengo que decir que ya empezamos bien cuando fui a sacar plata del ATM y mis dólares australianos se multiplicaron (el neozelandés es mucho más barato)… aunque todavía no he visto nada, ¡nada! Solo la multiplicación de los dólares, jaja.

Así que a cachar el mote voy ahora… por eso, hasta la próxima, queridos. Tengo tantas cosas más que comentar, de lo que ha sido todo esto, ¡tantas, tantas! Pero en general me come la máquina. Más adelante, quizás cuando me vuelva, voy a hacer un último post con comentarios generales que he ido acumulando a lo largo de todo este tiempo, ejalé. Tengo muuuucho que decir, jajaja, así que prepárense. ¡Tanto, tanto que comentar y decir! pero todavía estoy en medio de la experiencia pura.



Agnes Waters / 1770 (1770 llamada así en honor al aniversario de la venida del capitán Cook... le pusieron así en 1970, antes se llamaba "Round Hill").



Cocinando con la Anne.



Perrín durmiendo en la sala común (donde fue la maratón de Sex and the City).



¡Mi desayuno de cumples! Llegando a Airlie.



Sala de wi fr gratis.



Optimistas colgando su ropa en medio del clima tropical.



Concurso de baile en el barco carretero (Clippard).



Cangrejito.



Whitsundays.



Panorámica de los Whitsundays.



Snorkelleando con peces gigantes.



Paparazzeada.



Una mañana cualquiera.



Cascadas Cedar.



Roomates en Airlie.



Chiquillas on fire.



Tarde celeste en Cairns.



Iglesia linda.



Flyer choro (y estuvo lleno de Wallys esa noche).


Pajarillos al atardecer.



La laguna artificial de Cairns.



Barmans buenmozos.



De partuza con las roomates.



Show en el día de los aborígenes.



Gente gozando la "laguna".



Pa que vean que no exagero con los precios australianos...




¡Así es el invierno en Cairns!



Mensajes de aliento en maratón.



En la gran barrera de corales.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡¡ que buena cosa todo lo que has conocido !!!!

Anónimo dijo...

liiiiiiiiindas fotos!!!!

Constanza Greene dijo...

que buen post, hasta me enjuague una lagrimita con la despedida de la Anne, que bueno que te vengas pronto!