Correteando: La suerte de la olla

lunes, 31 de enero de 2011

La suerte de la olla

Así que al fin estoy en Sydney. Por segunda vez, eso sí. Tuve un intermedio en donde fui a Brisbane (tema del siguiente post, porque me agarró la máquina, jeje). Aunque, para ser sincera, no estoy realmente en Sydney la ciudad, sino que en Bondi Beach, una playa veraniega y posera, con harta gente joven y harto carrete, tal vez una especie de burbuja… pero una en donde quiero estar ahora. No conozco todavía Sydney per se… ni siquiera conozco todavía el Ópera House, jeje, aunque lo he visto tanto en fotos que ya siento como si lo conociera (ese es el problema de la sobreexposición de fotos, que causan cierto rechazo), aunque igual voy a ir en cuanto me instale en alguna parte, o tal vez en un rato más. No tengo apuro.

Ahora todavía estoy en un backpacker, que no tiene mucho de nada, pero que queda al lado de la playa y es bastante barato. Lamrock Lodge, se llama, y a mí me gusta mucho. En internet tiene pésimas recomendaciones porque “the staff is so rude”, pero yo llegué por presupuesto, sonriéndole a todo el mundo por ciber-precaución, y resulta que ellos me sonríen también… aunque ayer vi como casi descueran a un tipo que se alzó un poco alegando por unas llaves, miedo, jaja. Son escandinavos, los dueños, aunque tienen un temperamento muy italiano, y es un poco tierno porque entre todo el familión (que no es menor) manejan el hostal… he visto desde el nieto hasta el bisabuelo limpiando los pasillos, cambiando las cosas del baño, y haciendo de nocheros, y cuando no están de turno, juegan partidas interminables de algo parecido a las damas, en las mesitas de la entrada.

Eso del bisabuelo me podría resultar especialmente llamativo, si no fuera porque he notado ya que en Australia la gente trabaja hasta muy mayor, haciendo todo tipo de trabajos… no solo los importantes y estilosos, sino que también los trabajos sencillos, como barrer las plazas, dirigir tours, manejar micros, y debo decir que eso me encanta… hace que uno deje de compadecer a los viejos, como (me) pasa un poco en Chile, que es como si estuvieran allí (algunos) solo para esperar la muerte. Del terror. Es como una agonía social. Acá todos ellos caminan con el pecho erguido, porque se sienten bien, al estar aportando algo. No quiero decir con eso que creo que todos los ancianos debieran trabajar, porque en especial a esa edad debiera ser una opción propia… es solo que da en qué pensar, porque los que trabajan sin duda se ven más felices que los que no lo hacen. Aunque habría que ver cuánto les pagan a ellos aquí, y cuánto le pagan a nuestros abuelos allá en Chile…

Volviendo al tema, pasé por Sydney por una primera tanda antes de mi vueltecita por Brisbane, a cachar la onda. Me contacté con unos chilenos que conozco de antes, y que me acogieron. Me presentaron gente, ayudaron a buscar departamento, alimentaron, copetearon, y uno de ellos hasta me prestó plata, jaja, porque mi tarjeta no funciona. Además, chapoteé en la playa, y fui a caminar por la costanera que la sigue… una costanera celestial, que sube y baja por lomas casuales, llenas de rocas volcánicas, y de gente pescando, y de surfistas, y de pájaros de todos los tipos y colores. Realmente me quedaría a vivir aquí solo por esa costanera. Y el mar, el mar está encima, azulísimo, y lleno de vida marina. Y ruge.

Pero todavía no sé si me quedo acá con la Work and Holiday, o si me vuelvo a Chile el 19 de febrero. Todavía no encuentro gente que quiera hacer el viaje que yo, y aún no me dan ganas de hacerlo sola (aunque la estoy pensando), pero cuando estaba en Brisbane me di cuenta de que estamos ¡casi en febrero! Y de que no tengo demasiados días para tomar una decisión… así que estoy de vuelta aquí, viendo qué onda con las pegas, y haciendo todos los trámites correspondientes, porque ya decidí que, si me quedo, quiero vivir un rato aquí. Es el momento de ver si me hallo o no, el momento de intentar.

Sydney, en esta segunda tanda, me recibió con los brazos abiertos, a diferencia de cuando me fui, y es que, cuando partí a Brisbane, en parte fue porque Sydney se me estaba haciendo insoportable… mi tarjeta no está funcionando, y recibí malas caras de todas las personas con quienes traté de usarla. Me prestaron plata, igual, pero se me acabó (y encontré mucho pedir más), y aunque de Chile me mandaron un giro, cuando fui a buscarlo (a dos lados distintos) (y caminando) me dijeron que “ya no los hacían”, con una cara de aburrimiento atroz, y sin darme ningún consejo. Además, tenía que irme del backpacker (alguien había reservado mi pieza desde antes, para los días siguientes, y no había nada más disponible), y no podía pagar el depto que había encontrado (por lo de la tarjeta), y mis mochilas eran gigantes, por lo que quise llorar ante la sola idea de deambular con ellas por el mundo, tratando de que algún hostal me aceptara con mis formas de pago… por lo que al final perdí la paciencia y me dije “me voy a Brisbane”. Total, tengo amigos allá a quien iba a ir a ver de todas formas, y tuve la esperanza de pasar el 18 australiano (día de Australia) parrillando con ellos (esperanza que se cumplió con creces). Además, si he de instalarme en alguna parte, tenía que ir a ver a esos amigos antes de empezar, porque luego quizá cuándo.

Fue una buena idea, porque además de que fue un break para mí, y un momento de reencuentros agradables, pude sacar el giro allí, y ahora en mi libertad económica siento casi como si volara, jaja. Lo que son las cosas cotidianas… Una vez leí por ahí que la gente no colapsa ni cuando se acaban sus matrimonios, ni cuando pierden la pega, ni cuando se les muere alguien… la gente colapsa cuando se les rompe el cordón del zapato, se les pierde la billetera, o se les borra el trabajo del computador. Siempre son los pequeños detalles los que hacen rebasar el vaso. En mi caso, el detalle que lo rebasó, luego de días viviendo de alguna manera u otra con mis recursos, y sobreviviendo cosas como pechar el wifi gratis del McDonalds (viendo como todos comían menos yo) (aunque debo decir que los chilenos me alimentaron en sus casas), fue cuando traté de comprar algo en uno de los Convenience Store (especie de kiosco), teniendo un hambre atroz, y me pidieron todos los documentos posibles, me hicieron poner el PIN tres veces (siendo que yo dije que NO iba a funcionar) y, en suma, pasaron unos 15 minutos tratándome como a una delincuente juvenil, todo para acceder a dejarme comprar solo ¡unas granolitas y una leche!, con una cara de paciencia y de lata impresionante, como si "ayudarme" fuera lo peor que les hubiera pasado en la vida. En ese momento simplemente decidí escabullirme de ahí, cosa que hice. No tuve problemas, a Dios gracias, en comprar los pasajes, porque mi tarjeta sí funciona perfectamente en internet.

Pero no fue tan fácil llegar a Brisbane. Logré llegar al aeropuerto con la plata que me devolvieron del depósito del backpacker, pero una vez allá me cobraron 80 dólares extras ¡por la mochila! Jetstar (no viajen en Jetstar). Cuando compré el pasaje, todavía no sabía si me llevaría las mochilas, o si las dejaría aquí, pero salía que, si al final decidía llevarlas, eran solo 10 AUD más: Mentira. Me cobraron 80 más, y luego quisieron cobrarme ¡65 más! Por un recargo de 3 KILOS. La que estaba a cargo era una tipa de unos 20 años máximo, que estaba medio gozando con la situación. Tuve que botar algunas cosas, para no pagar ese extra extra, pero la mayoría las salvé poniéndomelas encima… así que ahí figuraba yo con unos shorts ridículos de playa, pero también con botas largas, gorro boliviano y hasta una parka. La encargada se reía “oh, you look so funny”, pero no era una risa cómplice, sino que más bien despreciativa, y yo llegué a sentir un pozo de odio creciendo en mi interior (y me carga sentir eso), y lloré un poco también. Más encima, y como para rematarla, cuando al fin logré pasar mi bolso y llegar a la policía internacional, me hicieron un “random explosive test”, y yo todavía estaba llorando. Sin embargo, ahora viéndolo hacia atrás, creo que me eligieron justamente para consolarme… el que me detuvo era un juvenal sonriente, quien luego de chequear si yo tenía explosivos (heavy), me preguntó qué onda, y cuando le conté lo de la humillación pública, me dijo que era el colmo, y que una mochila no debiera nunca valer más que una persona. Pero yo no fui demasiado simpática, porque en ese momento los tenía a todos en el mismo saco. Pobre, porque en realidad fue bastante agradable, y terminó pagando patos que no le correspondían.

Sin embargo, desde que volví ayer, Sydney ha sido encantador. Cuando llegué del aeropuerto, traté de tomar el transfer, aunque es un poco más caro, porque mis mochilas son demasiado grandes. No había porque era domingo, así que tuve que tomarme las dos micros correspondientes. Con la primera no tuve ningún problema, pero al llegar al lugar en donde había que tomar la segunda, la cola era realmente grande. Esperé cerca de media hora, hasta que otra vez perdí la paciencia y decidí irme caminando (y eso que es media hora, jaja, muy impaciente), y cuando estaba partiendo, una micrera igual a la Whoopi Goldberg se me acercó y me preguntó adónde iba. Le expliqué mi situación, y me dijo “but, dear, I will take you”. No me dejó pagar el pasaje, y me subió a su micro, que iba relativamente cerca (a unas 6 cuadras), hasta haciéndome pasar por sobre la cola. Agradecida, le dije que me venía perfecto, pero una vez que llegamos al final (y que la gente se bajó) me dijo que me quedara allí, que me iba a ir a dejar ¡a la puerta! Yo casi lloro. Luego me dio un discurso de cómo nunca hiciera dedo por lo peligroso que era, y de cómo siempre pidiera ayuda… muy tierna. Lo más divertido fue que, una vez que me dejó EN LA PUERTA DEL HOSTAL, al bajar mi maleta definitivamente colapsó, ¡y se rompieron, las manillas! Con tal que cayó con todo su peso sobre uno de mis pies, dejando hasta un charco de sangre en el piso (siento ser tan gráfica). Y ella… jajaja… casi se muere, “But, love, what are you going to do!”, exclamó casi llorando… jajaja. Su cara de consternación fue de lo más dulce que haya visto. Pero ya filo con la mochila. Ya llegué a un lugar. Ojalá no tenga que moverla más. Me pegué una siesta de unas 3 horas y todos mis problemas se apagaron. Ahora no me puede importar menos (aunque siento que se haya roto su maleta, papás).

Y luego el día de bienvenida siguió. En la tarde-noche me pegué el pique, caminando y con mochila, a uno de los supermercados más baratos. Hay que subir una loma, y será una media hora, por lo bajo, a pie. Igual se puede ir en micro, pero yo tampoco tenía mucho más que hacer. Allí al fin compré de todo… leche, queso, fruta, verduras, galletas saladas, etcétera, etcétera, me salió 50 dólares todo, pero me podría durar 2 semanas. Y cuando me devolví, estaba tan ocupada cargando la mochila, que no me di cuenta de que se me quedó una bolsa. Solo de vuelta en el hostal lo descubrí, por lo que volví, casi corriendo… cierran a las 12 de la noche, y yo llegué justo, pero el tipo que me atendió ya no estaba… ¿Y pueden creer que el que estaba a mi cargo me dijo, vaya y saque nomás lo mismo que se le quedó? (cuando le expliqué), ¡y yo ni siquiera andaba con boleta! ¡Qué increíble! Podría haber tomado lo que hubiera querido, aunque no lo hice (“oh, se me quedaron el caviar, la champaña, y el paté importado, jaja”). Una vez que junté las cosas (manzanas, granolitas, tallarines instantáneos y un chocolatín) me dijo “It’s OK, have a good night”, con una gran sonrisa. Ni siquiera tuve que anotar nada. Yo no podía creerlo. Entonces una piensa en Chile y le dan ganas de ponerse malhablada… pero una vez, en Chile, en la micro, me tocó otro micrero bacán, que salió persiguiendo a alguien que le había robado la billetera a una señora, hasta que lo agarró. Y todos aplaudimos. Así que tal vez dependa más de la gente, que del lugar… aunque igual estoy feliz de que Sydney me haya recibido de brazos abiertos.

Y ni siquiera fue eso todo lo que pasó. Cuando corría de vuelta al súper me encontré ¡con Ricky! (el churrazo de Cairns). Él gritó mi nombre, y yo al principio no paré porque ¿quién me conoce aquí?, hasta que él salió corriendo detrás de mí (y como no lo reconocí, al principio me paralicé de puro miedo). Parecía tan feliz de verme, y fue bacán encontrarnos… pero andaba con una rubia (otra) colgada del brazo, jaja. Ah… hay hombres con los que una pestañea y pierde. Me dijo que nos juntáramos a tomar algo más tarde (probablemente con la rubia), porque más encima resulta que otra vez estaba en mi mismo hostal, jaja, pero me demoré tanto en volver que ya no quedaba nadie. Y ya se debe haber ido, porque tenía un avión de vuelta a Irlanda esta mañana (teleserie).

Por último, al final de la noche, y como para digerir mi día, me fui a sentar al borde de la playa un rato. Entonces aparecieron dos españoles bastante guapetones que trataron de engrupirme en inglés. Les seguí el juego, solo para luego decirles que hablaba castellano y ver sus caras, jaja. De ahí me invitaron a una fiesta en una casa, y como no tenía nada mejor que hacer (y andaba con paralyzer, jaja), partí. Era un flat enorme, cerca de mi hostal, con un peruano, una neozelandesa y otra gente de nacionalidad N.N. Nos tomamos un par de copas de vino y luego me fueron a dejar hasta la casa. Jon me fue a dejar, en realidad, uno de los españoles, con quien igual tuve onda… hasta quiso llevarme en bici, pero me dio nervios porque no se veía muy resistente, jaja. Me dijo que Chile era el único país latino que tenía la Work and Holiday… que él mismo está trabajando en algo afín, pero le costó ene encontrarlo por no tener la visa adecuada. Lo gracioso es que está de chef en un local cercano, y me dijo que andaban buscando meseras, así que le di el teléfono. Sería demasiado gracioso trabajar juntos. Eso sí, me dijo que iba a tener que decir que era “su novia” para acelerar las cosas, jaja. Si ayuda, me da igual. Si ayuda, SOY su novia, jaja. No, nunca tanto.

Y eso es por ahora. De ahí les cuento si encontré la pega o no, y etcétera. Estas dos semanas son cruciales, para ver si me quedo o no. Y en un par de días voy a subir el post sobre Brisbane.




Lástima que mi cámara de fotos otra vez murió. No sé porqué. Y hay una foto que físicamente me dolió no sacar… de una iglesia espectacular y toda peloláis, con un cartel que dice “Without Jesus life is so incomple”… jajajajaja. Genial. Si logro arreglar mi cámara (voy a ir hoy más tarde, o mañana), ya memoricé el lugar, para ir a sacarla. Pero mientras:


Un pájaro que descaradamente, si no lo echo, se come mi comida.



Pescadores en la costanera, entre Bondi y Tamarama.



La playa de Bondi Beach.



Un gato "callejero" (con campanita), y yo.



Anarquía hay en todas partes.


La globalización.



Iglesia linda.



Local que podría ser chileno.



Roca volcánica de la pasarela.




Sydney desde la altura. Ojo con que se ve hasta la Opera House.



El colapso de la mochila, y de mi pie.

3 comentarios:

Melita dijo...

Oye Mery, tan embalada como siempre para escribir!!!
Qué lata lo que te pasó con lo de la maleta, 80 dólares, no será como mucho? Como se aprovechan d ela situación y se burlan también.
Respecto de los trabajos para el adulto mayor, lo encuentro la raja, ahí tenís la diferencia en lo que es un país desarrollado.
Acá igual lo podis ver el en Jumbo, por lo menos el que está al lado de mi casa en que hay "abuelitos" pesando fruta y verdura. Me dá ene gusto llegar y ver qué ya no se cuenta con esa "compasión social" que decías.
Es bkn. Ojalá y yo creo que con el tiempo, además de las mayores esperanzas de vida para las personas eso va ir cambiando.

Flegolas dijo...

"oh, se me quedaron el caviar, la champaña, y el paté importado".. jajajaja

galgata dijo...

1. Qué bacán lo de los Old School del Jumbo, yo no los he visto!!

2. Jajajaja... aunque ojo con que no me gustan ninguna de esas cosas, parece que soy media picante :p